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jueves, 31 de diciembre de 2015

Año nuevo vida nueva, pero esta vez de verdad

Año nuevo vida nueva, pero esta vez de verdad


Investigadores de la universidad británica de Hertfordshire han descubierto las claves para lograr cumplir los buenos propósitos para el año nuevo, según informa el diario The Guardian. La investigación, dirigida por Richard Wiseman, del mencionado centro docente, apunta que algo tan simple como formular en voz alta aquellos aspectos en los que queremos mejorar antes de la noche de fin de año incrementa las posibilidades de que trabajemos para su consecución durante el año que comienza. También ayuda mucho marcarse objetivos concretos con finalidades claras y prometerse un premio a modo de zanahoria. Y, sobre todo, contárselo a los allegados, que ejercen una importante presión social que te empuja a esforzarte. Los mismos expertos buscan ahora voluntarios para un segundo estudio similar.
Enero es el mes en el que baja el consumo de tabaco, sube el de las dietas, empezamos a pensar en el gimnasio, en salir más y cambiar de hábitos de vida, incluso de pareja, porque aumentan hasta los divorcios. Año nuevo sí, pero lo de vida nueva no es tan seguro. El cierre del ejercicio es un buen momento para hacer balance de objetivos personales, para comenzar o terminar con lo que no nos satisface. "La gente está motivada para hacer análisis, pensar en cómo ha sido su año y en qué le gustaría cambiar, es un momento de esperanza", explica la psicóloga Marina Martín-Artajo.
"La cuestión es que esos objetivos se suelen desvanecer a la semana siguiente, porque hay mucho optimismo o no son realistas". Para evitarlo, el grupo de investigadores británicos ofrece una serie de consejos, extraídos del análisis de 3.000 personas que se habían propuesto los clásicos objetivos para el año nuevo, a saber: perder peso, ir al gimnasio, dejar de fumar o beber menos. Al comienzo del estudio el 52% de los participantes tenían confianza en el éxito, pero solo el 12% logró cumplir sus objetivos.
Apúntate al experimento
En este asunto, el sexo también cuenta. Para los hombres, las posibilidades de éxito aumentan si sus objetivos son específicos y se centran en la recompensa que conseguirán si los logran, mientras que para las mujeres la mejor manera de mantener sus intenciones es revelárselos a sus allegados. Así, el equipo de Wiseman observó que los hombres tenían un 22% más de posibilidades de cumplir sus deseos cuando se marcaban objetivos específicos, como perder medio kilo a la semana, en lugar de perder peso en general, y aquellos que se concentraban en los beneficios de su decisión, como ser más atractivos para las mujeres, eran los que mejores resultados conseguían.
En cambio, las mujeres lograban más sus objetivos cuando se los habían comunicado a familiares y amigos, y respondían mejor cuando se las animaba tras una recaída en los viejos hábitos, lo que consideraban más como un contratiempo que como un fracaso. Según la investigación, los propósitos con mayores posibilidades de éxito fueron disfrutar más de la vida, lo que afirmaron haber conseguido el 32% de los participantes que se lo habían propuesto; mejorar la forma física (29%); perder peso (28%), ser más ordenado ( 27%) y dejar o reducir el consumo de tabaco y bebida (24% y 25% respectivamente). Wiseman iniciará ahora otro experimento de un año de duración, en el que seguirá estudiando los propósitos para 2008 de los voluntarios interesados en tomar parte en su trabajo, que podrán inscribirse en la página web www.new- yearscience.co.uk.
Ahora que sabemos cómo lograrlo, hagamos la lista de propósitos.
Dejar de fumar: El 30% de la población fuma y un tercio intenta dejarlo cada año. El número de fumadores que deciden abandonar el tabaco se cuadruplica en enero y febrero. En los dos primeros meses de 2007 la venta de pitillos cayó en casi un 20% respecto al fin de año de 2006, pero en marzo repuntó en un porcentaje similar, según el Comisionado para el Mercado de Tabacos.
Bajar de peso: El otro "clásico" es "entrar en el año con buen pie y menos barriga", resume Gregorio Varela, presidente de la Sociedad Española de Nutrición. Tras una Navidad llena de excesos culinarios, "el cuerpo te pide volver a los hábitos sanos", por lo que suelen aumentar las consultas de endocrinología. "El problema es el mantenimiento. Hacemos el esfuerzo inicial, pero dura poco" y su consecuencia el "efecto yo-yo". "Cuando uno sube unos cuantos kilos de más, perder tres o cuatro es fácil y rápido. El problema es que lo que vamos a perder es agua y no grasa". Y "se cometen errores: hacemos caso a las 'dietas milagro', que no tienen rigor, están asociadas a un mayor riesgo para la salud y lejos de nuestros hábitos alimentarios". El que quiera perder unos kilos debe hacerse un estudio "sobre lo que está comiendo y bebiendo, el ejercicio que realiza, y hacer una dieta personalizada".
Hacer más ejercicio: El ejercicio es otra de las prioridades. "Pensar" en ir al gimnasio, porque la pereza, el frío e ir cubiertos de ropa suelen retrasar la incorporación. Un 59,6% de los españoles mayores de 16 años hace ejercicio en su tiempo libre, un poco más los hombres que las mujeres, según el INE. En enero se nota el incremento de las matriculaciones, pero poco, la avalancha llega con los primeros rayos de sol, con la operación bikini.
Rupturas: Los períodos de alteración de la rutina, como las Navidades y el verano, representan para algunos un punto de inflexión para plantearse metas y realizar cambios importantes. El mayor número de demandas de divorcio, nulidad y separación se producen en el primer trimestre de cada año, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). En los tres primeros meses de 2007, 40.630 demandas, un 8,6% más que el segundo trimestre.
Salir más: Y tras la ruptura se busca cumplir otro de los "nuevos deseos": salir más y ampliar amistades. En enero aumenta en un 20 ó 30% las personas que acuden a las citas, fiestas, viajes y actividades lúdicas, algunas con niños, señala una portavoz de El Mundo del Single. Más que el deseo de comenzar una nueva relación, precisa, "el propósito es ampliar tu círculo de amigos, conocer a gente nueva y que eso te ayude a cambiar de vida".
Buscar pareja: Y entre quienes buscan pareja, las mujeres comienzan el año más presionadas y más deprimidas que los hombres, según una encuesta de Match.com. En estas fiestas, más de la mitad de las mujeres sienten que les falta alguien a su lado a pesar de haber pasado mucho tiempo con amigos y familia, mientras que la mayoría de los hombres dice no sentirse así, según los usuarios del portal especializado en la búsqueda de pareja. Tenemos que parar un segundo a reflexionar, sugiere la psicóloga Martín-Artajo.
Otros buenos deseos: Ejemplos en Internet: leer más, ir más al cine, tener más sentido del humor o aparentar ser más joven, entre otros. En el primer trimestre del año, el 44% de la población se declaraba "no lectora" y más de un 28% no leía nunca. Del 56% lector, eran más las mujeres que los hombres, según la Federación de Gremios de Editores. Entre los espectáculos, el mayor gasto de los hogares va a parar al cine. Enero fue, en el primer semestre de 2007, el mes en el que acudió mayor número de espectadores, 9,8 millones, casi un millón y medio más que en febrero y marzo, según datos del ICAA. Y también deseos desenfadados. "Lo que quiero es dejar de pensar que por fin dejaré de fumar, que por fin acabaré las dos puñeteras asignaturas que tengo colgadas, que por fin haré deporte... Y sobre todo que a nadie de la familia le dé por preguntarme este año también que cuándo me caso porque si algo me propongo firmemente hacer en 2008 es no casarme tampoco", escribe una internauta.
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La noche del lunes Nueva York se vistió de gala. Grandes estrellas de la industria de la moda, el cine, la danza, la música y la televisión se dieron cita en la alfombra roja de los Premios Glamour Mujer del Año. Entre las invitadas que recibieron un homenaje por su labor y presencia mediática estuvieron la actriz Reese Whiterspoon, la exatleta Caitlyn Jennerla diseñadora Victoria Beckham, Misty Copeland -la primera bailarina negra en liderar el American Ballet-,la rica empresaria Elizabeth Holmes y la activista Cecile Richards.
Caitlyn Jenner, sin duda alguna, fue la gran homenajeada de la gala. La revista le otorgó el premio Mujer del año por su trabajo a favor de la aceptación del colectivo transexual. Reconocimiento que ya ha recibido en otras ocasiones.Un vestido largo de Moschino Costure de color azul y con el pelo recogido en un moño alto fue la elección de uno de los miembros más mediáticos del clan Kardashian. Sobre el escenario, quiso agradecer el apoyo de su televisiva familia, quienes, asegura, estuvieron a su lado cuando tomó la más difícil de las decisiones al cambiar de sexo a sus 66 años. "Estamos aprendiendo constantemente, creciendo como seres humanos, aprendiendo sobre nosotros mismos", dijo.
Victoria Beckham abraza a su hijo Brooklyn Beckham al recibir un premio de las Mujeres del Año para Glamour. / CARLO ALLEGRI (REUTERS)
Otro de los momentos más aplaudidos de la ceremonia fue la entrega del galardón a Victoria Beckham, premio que recibió de manos de su hijo mayor Brooklyn, al que dio un emocionado abrazo en el escenario. La diseñadora en su discurso recordó su trabajo comoembajadora de buena voluntad de la ONU. "Quiero que una mujer se sienta como la mejor versión de sí misma", dijo tras recoger el galardón de manos de su orgulloso hijo, de 16 años, por su labor en la moda y por su trabajo por las mujeres que padecen sida. Unas palabras en las que también quiso agradecerle su apoyo a su marido, David Beckham.
La revista también ha reconocido a las víctimas de la masacre de la iglesia de Charleston, que estuvieron representadas por Alana Simmons, Nadine Collier, Bethane Middleton-Brown, Felicia Sanders y Polly Sheppard, supervivientes de la masacre y conocidas como Las pacificadoras de Charleston. También acudieron caras tan conocidas como la de la oscarizada Lupita Nyong'o, la comedianteAmy Schumer, la actriz Julie Andrews, la cantante Selena Gómez o el cantante y actor Jared Leto. Ivanka Trump, Vera Wang, Rachel Zoe, Ellie Goulding, Karlie Kloss o Jessica Hart también engrosaron la lista de las personalidades invitadas.






600 asesinatos Gays transexuales y lesbianas al año

Latinoamerica registra 600 asesinatos  de gais, transexuales y lesbianas al año

Las personas que cambian de identidad sexual son especialmente perseguidas en el istmo central


Maniffestación del Orgullo Gay de Río de Janeiro en 2013. / FERNANDO FRAZÃO  (ABR)
Solo en Latinoamérica, unas 600 personas son asesinadas cada año por ser lesbiana, gay, transexual o bisexual (LGTB), según recoge el último trabajo de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en la web www.perseguidoslgtb.org. Pero esta cifra es solo una parte de los crímenes que sufren en muchos países del mundo las personas cuya identidad de género u orientación sexual no se ajusta a lo considerado normal. Lo que ocurre es que, del resto, no hay tantas cifras. Pero hay indicios: solo en el territorio que ocupa el grupo yihadista Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), han sido ejecutados unos 30 gais, según los últimos informes. Lapersecución en África y en el Este de Europa, sobre todo en Rusia y las repúblicas que surgieron tras la desintegración de la URSS son garantía de que la cifra total es muy superior.
De estos, las personas transexuales son especialmente vulnerables,como ha explicado Paloma Favieres, del área jurídica de CEAR, en la presentación del informe. El estudio recoge que unas 1.700 de estas personas han sido asesinadas en solo 62 países (de los 120 del mundo) entre 2008 y 2014. Esto se basa en 76 países que penalizan legalmente el ser o comportarse como un homosexual o un transexual, y, también, en muchos otros en los que la persecución es social, aunque no sea legal.
Esta persecución de la población LGTB tiene un reflejo en su búsqueda de países más seguros, que es como consideran a España.Son apreciaciones de CEAR, pero hay algunos datos que lo reflejan. Por ejemplo, Manuel Ródenas, del programa LGTB de la Comunidad de Madrid, la que más migrantes recibe, afirma que las consultas por asilo o refugio han pasado en pocos años de ser el 13% del total a ser el 23%. "Y en el departamento jurídico ya son el 50%".
El caso de las mujeres perseguidas por su identidad de género, latinoamericanas sobre todo, también tiene una constatación en España. "En Madrid, el 90% de las transexuales son extranjeras", expone Ródenas.
Una de las que ha llegado hace relativamente poco es Alexandra Andino, una hondureña de 35 años que en 2012 aterrizó en el aeropuerto de Madrid huyendo de la persecución. "En mi país tenía miedo constante a caminar por la calle. Siempre volvía a casa con una pedrada, un salivazo. Aunque a veces una palabra duele más", añade. "Lo que tengo podrido por dentro nadie me lo va a quitar".
Andino cree que no fue asesinada porque era demasiado conocida como activista. Muchas de sus compañeras no tuvieron esa suerte. "Reconocí más de 100 cuerpos de compañeras de mi organización", afirma. Pero ello no le libró de ser secuestrada y torturada. "Me tocó. Todo el mundo sabía que me iba a tocar. En la televisión pública dijeron que iban a por mí, que me iban a cortar la lengua", relata. Aunque aquella fue de las pocas torturas que no sufrió. "Vinieron a mi casa. Era fácil, yo vivía sola y era muy conocida. Durante varios días me pegaron, me apuñalaron, me dispararon, me violaron. Me fracturaron los huesos. Pedí a gritos mil veces que me mataran, pero ellos seguían torturándome. Decían que tenía que sufrir más que las demás".
Después de aquello, viajó a refugiarse a España. "Tuve que reunir unos 2.500 euros para el pasaje, y otros mil para poder entrar. Todos me ayudaron. Mi mamá decía: ‘Prefiero tenerte lejos a muerta". Pero el refugio español no era tan fácil de conseguir. Nada más llegar, en el mismo aeropuerto fue detenida. Un abogado de oficio que la vio llorar le informó de que podía pedir asilo por ser víctima de un delito de odio.
El ser una activista reconocida también la ayudó en este caso. Ródenas afirma que ha comprobado que en España quienes han sido activistas en sus países tienen más fácil conseguir el asilo. Pueden aportar recortes de prensa para probar su persecución y el peligro que sufren si vuelven. "A los otros migrantes les cuesta más", admite Favieres. La ley concede el estatuto de refugiado solo si hay un serio peligro, si las amenazas han sido reiteradas, explica. Esta dificultad probatoria hace que "las peticiones de asilo sean muchas y crezcan, y las concesiones muy pocas", dice Ródenas.
Con su caso solucionado, Andino afirma que ahora "caminar por las calles de Madrid es un paraíso". "A la gente le da igual cómo sea. En Honduras era el centro de atención".
Pero la llegada a España a veces no elimina el problema. Muchas veces, el migrante es internado en centros de extranjería, donde hay otros compatriotas que mantienen los mismos prejuicios que sus conciudadanos mantenían en el país de origen. "A alguno ha habido que cambiarlo de centro", dice Ródenas. Lo mismo pasa fuera, porque los extranjeros tienden a relacionarse primero con otras personas de su mismo origen, añade Favieres. Y no es su único problema. Los datos del Ministerio de Interior sobre delitos de odioen 2015 indican que el 39,9% fue por orientación o identidad sexual, y el 37% por razones racistas o xenófobas. "Y a estas personas les afectan los dos. Sufren una doble discriminación", concluye Ródenas.
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Niños atrapados en su cuerpo


REPORTAJE:

Niños atrapados en su cuerpo

La Unidad de Trastorno de Identidad de Género ha tratado a 77 menores - Los pacientes reciben asistencia psicológica y tratamiento hormonal a los 16 años

Mar y Miguel coinciden en recordar el día de su primera comunión como uno de los más "horribles" de su vida. A ella le pusieron un traje de marinero y a él un vestido blanco de volantes. "Estaba monísimo", recuerda, "pero lo pasé fatal". Mar nació con cuerpo de niño y Miguel de niña. Son dos personas transexuales que ya disfrutan de una identidad legal y una apariencia acorde con el género al que siempre sintieron que pertenecían, pero para llegar hasta aquí han tenido que enfilar un camino lleno de piedras que, aseguran, empezó en la infancia.
Aunque la mayoría de los pacientes que recibe la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG) del Hospital Carlos Haya de Málaga es mayor de edad, casi un 10% no ha cumplido los 18. De los alrededor de 800 transexuales que ha tratado este equipo en sus 10 años de actividad, 77 son menores. El más pequeño, de 12 años, aunque la coordinadora de la unidad, Isabel Esteva, afirma que la media llega con 14 ó 15.
"Ojalá me hubieran tratado. Tuve una 95 de sujetador", cuenta Miguel
"Viví un día horrible cuando me vistieron de marinero", recuerda Mar

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Igual que los adultos, estos jóvenes reciben atención psicológica, primero para confirmar el diagnóstico y, después, para orientar al menor y su familia. "Hay que hacer un acompañamiento, pero que no sea ni potenciador ni bloqueador de nada", explica Esteva. Los jóvenes que no han contado con esta ayuda admiten que les hubiera venido bien. Alejandro, un sevillano de 24 años, acudió por primera vez a un psicólogo con 14 años sin contarle nada a su familia. Pero le sirvió de poco porque la psicóloga no entendía su problema. "Ni siquiera que tuviera novia, decía que no lo comprendía". Se fue y no volvió.
La doctora Esteva asegura que, en la última década, se ha notado una evolución social. "Antes, sobre todo en los padres de los pacientes menores, había mucho más desconocimiento y angustia". "Estamos comprobando que la evolución favorable del caso es correlacional con el apoyo familiar", afirma.
Muchos menores transexuales viven su problema en solitario, convencidos de que sus padres, más que ayudarles, van a intentar corregirles. Es lo que le pasó a Miguel, de 31 años. Cuando era adolescente su madre le llevó al psicólogo al pensar que tenía problemas de integración. Pero la psicóloga no dio con el diagnóstico adecuado y el chico no dijo nada hasta cumplir los 18. "Conozco a mi madre, soy hijo único y sabía por dónde me iba a salir", cuenta Miguel, que defiende la atención temprana de la transexualidad.
La valoración psicológica de los jóvenes diagnosticados en la UTIG de Málaga se extiende durante unos 18 meses, en los cuales el paciente hace lo que se llama un test de vida real, que supone empezar a manifestar en su entorno lo que la persona siente en su intimidad: adaptar la imagen a lo que le gustaría, cambiar su nombre real por otro con el que se sienta más a gusto.
Cuando acaba este proceso y hay un diagnóstico claro de transexualidad, la mayoría de los jóvenes tiene alrededor de 16 años, la edad recomendada, según Esteva, para iniciar un tratamiento hormonal que bloquee la pubertad y frene el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, como la barba en los hombres o el crecimiento del pecho en las mujeres. "Ojalá a mí me hubieran tratado en la pubertad. Llegué a tener una talla 95 de sujetador", cuenta Miguel, que está casado y su mujer espera un tratamiento de inseminación artificial.
La Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA), se muestra partidaria de que los menores accedan a estos tratamientos, pero también aboga por que puedan someterse a cirugía para terminar de adaptar su cuerpo al género del que se sienten sin tener que esperar a la mayoría de edad, como hasta ahora. "Si una persona de 16 años puede someterse a cirugía estética y pronto podrá abortar sin permiso paterno, ¿por qué para esto hay que ser mayor de edad?", se pregunta Mar Cambrolle, presidenta de ATA. Su asociación pide bajar a los 16 la edad mínima para esta cirugía y que el joven no necesite la autorización de sus progenitores.
La doctora Esteva, por contra, comparte las recomendaciones internacionales de respetar la mayoría para la cirugía de reasignación de sexo. "Cuidado con correr demasiado. Con 16 todos te dicen que tienen muchas ganas de operarse. Es normal, pero nosotros les tranquilizamos y lo acaban entendiendo", explica. De los 77 menores transexuales atendidos en su unidad, 61 requirieron tratamiento para cambiar de hombre a mujer. 20 de ellos se han operado tras cumplir los 18 años. De los 16 pacientes que necesitaban cambiar su cuerpo de mujer por el de hombre, seis ya se han s

TRANSFOBIA

Transfobia

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La transfobia es una “enfermedad social” que proviene de la fuerte creencia en que el sexo y el género van unidos automáticamente, es decir, que si se nace con pene hay que ser un hombre y si se nace con vagina una mujer. Pero las cosas no son tan sencillas… A diferencia de otras sociedades, en la nuestra sólo se admite dos posibilidades excluyentes entre sí: u hombre o mujer.
Sin embargo, en realidad, hay personas que pese al sexo que se les asignó al nacer se sienten, quieren vivir y viven con un género que, en teoría, no les corresponde, o que ni siquiera se sienten hombres o mujeres o las dos cosas a la vez. El error no está en las personas sino en ese “en teoría” que nos hace creer que hay una relación natural entre sexo y género, cuando la realidad demuestra que no es así.
Afortunadamente, en España es legal tanto operarse para cambiar de sexo como cambiar los datos sobre la identidad personal (el “sexo” y el nombre), aunque para que eso sea permitido por las autoridades la persona debe obtener un certificado psiquiátrico que diga que lo suyo es una enfermedad (“disforia de género”). Actualmente, el colectivo transexual está luchando para que se les deje de etiquetar de enferm*s para poder operarse o cambiar de nombre en el registro civil.
La transfobia afecta tanto a transexuales de hombre a mujer (HaM) y de mujer a hombre (MaH) como a las personastransgénero. La diferencia entre la transexualidad y el transgenerismo es que las personas transgénero pueden vivir como hombres o como mujeres sin tener la necesidad o el deseo de modificar quirúrgicamente sus genitales. En España es legal desde el año 2007 cambiar la mención al nombre y a la identidad de género en los documentos oficiales sin necesidad de operarse, aunque todavía se obliga para ello a obtener un certificado médico que diagnostique “disforia de género”.

"Acosaron a Alan desde los 14 años, su suicidio es un crimen social"

Ester besa a su hijo Alan en una foto reciente. 
La madre del menor transexual de 17 años que se quitó la vida en Nochebuena cuenta en exclusiva para EL MUNDO la desventura de su hijo
El jueves pasado, Alan fue al centro de día por la mañana y habló con la psicóloga. Estaba especialmente triste.
Tras casi un mes ingresado por depresión, el chaval de 17 años tenía que volver al instituto y allí había gente que le levantaba la camiseta para preguntarle entre burlas cómo podía ir de hombre teniendo pechos de mujer. O que le tiraba por las escaleras. O que le empujaba contra la pared. «¿Cómo es que te llamas Alan si tienes tetas?»...
Era la versión nueva de los acosos viejos, los que sufrió desde los 14 años en otro instituto y en otra localidad, cuando se atrevió a decir que era lesbiana y a ir de la mano de su novia, tan adolescentes y libres. «Marimacho de mierda»...
Así que el jueves pasado, por la tarde, Alan cogió un puñado de pastillas que estaban en casa guardadas bajo llave, las mezcló con alcohol y se dejó invadir por el silencio para siempre. Era Nochebuena.
«Quiero contar la historia de mi hijo para que a nadie le vuelva a pasar algo parecido, que sirva para que no se repita. Mi hijo no se ha suicidado porque sí, ha sido víctima de un crimen social. Una cadena de gente se ha reído de él a lo largo de su vida. Es la lacra del acoso que persigue al diferente. Y mi hijo lo era».
Ester Albert Cusso es la madre de Alan, el chico que el 24 de diciembre se quitó la vida en Barcelona 20 días después de haberse convertido en el primer menor transexual de Cataluña en obtener un cambio del DNI acorde con su sexo sentido.Alan.
«Se puso Alan porque es Nala al revés, el nombre de su gata. La pobre lleva seis días como loca buscándole», recuerda Ester al teléfono, que es un testigo sonoro de lágrimas, rabias y firmeza salpicadas con el desorden del pasmo en la conversación con EL MUNDO.
¿Cómo era Alan?
- Sobre todas las cosas, una persona que quería hacer el bien. Le gustaban los niños autistas, la gente con síndrome de Down, los ancianos... Fíjate que este año se había apuntado al Módulo de Técnico en Atención a Personas en Situación de Dependencia...
Allí, en ese mismo ambiente, encontró Alan los últimos eslabones de la «cadena» de burlas que apedreó su pubertad hasta la muerte. «Fue la gota que colmó el vaso de una vida de acoso. Siempre tuvo un aspecto exterior muy poco femenino, y a los 14 años, estando en 4º de la ESO, dijo abierta y públicamente que era lesbiana. Iba de la mano de otra chica y en casa nos pareció estupendo. Pero en el instituto las cosas no fueron igual. Le llamaban 'marimacho', 'lesbiana de mierda' y esas cosas. Pero era fuerte y fue aguantando».
Un mal día, un primo muy querido de Alan (que aún no había cambiado de nombre) cayó accidentalmente de un quinto piso y murió. «El acoso se intensificó. Le decían que ya no era una chica, que se fuera al baño de los chicos, que era una lesbiana de mierda. Y llegaron a decirle: 'Primero murió tu primo, ahora tú'».
Aparecieron las primeras autolesiones, cortes en los brazos, algunas pastillas... Hasta que el 24 de diciembre de 2013, dos años exactos antes del calendario de su muerte, Alan ingresó en el hospital con un diagnóstico de depresión mayor. «Los insultos, el acoso y lo de su primo fueron determinantes. Hablamos con el instituto y recibimos apoyo de los profesores. Pero creo que faltó una buenadetección del problema», sostiene Ester.
Alan pasó el resto del curso entre el hospital y el centro de día, un mundo aséptico de refugio frente a esta infección callejera de homofobias. «Me decía que le daba miedo volver al instituto, que en el hospital todo el mundo le aceptaba».
Hartos de la crueldad y del temor, los padres cambiaron Rubí por Sant Cugat y un instituto por otro. «Le decíamos que no se preocupara más, que en Sant Cugat nadie sabía quién era y que todo iba a ser distinto por fin».
El 15 de septiembre de 2014, Alan, aún con identidad pública de mujer, arrancó el curso de ayuda a personas con dependencia entre la esperanza de una libertad por venir y el recuerdo del miedo.
Ganó lo segundo.
Sólo nueve días después, volvió al hospital. Otra lesión en los brazos, otras pastillas, otros acosos... Le insultaban y le empujaban, volvían las palabras/verdugo y el «marimacho» contra los oídos.
Recuperado el aliento, en abril de 2015 Alan decidió ser Alan. «Se sentía chico. Estaba muy animado. Iniciamos los trámites para el cambio de nombre y dijo que le llamáramos Alan, como su gata al revés. En el hospital, en la familia y en los amigos se presentó públicamente como Alan. Yo fui al instituto y les dije que Alan era transexual. Pedí a la dirección y los profesores que los alumnos debían saber que Alan era un chico y que nadie debía conocer con qué género había nacido. Lo aceptaron perfectamente».
En septiembre de este año, Alan comenzó el Módulo «bastante bien». Pero enseguida encontró problemas entre algunas personas. La intimidación multiplicada.
¿En qué consistió el acoso?
Le hicieron la vida imposible. Hemos sabido que le daban porrazos contra la pared, le tiraron por las escaleras, le decían que tenía barriga de mujer y no músculos de hombre, le levantaban la camiseta y le decían que cómo era posible que fuera por la vida de hombre cuando tenía tetas, le empujaban contra el cristal... A lo mejor para esas chicas todo era una broma, pero para Alan era una tortura.
La vida imposible.
Ester cuenta que a su hijo le regresaban los miedos, la jaqueca, el dolor de tripa, el malestar entero si se acercaba la hora del instituto.
Por eso, el 24 de noviembre, un mes antes de esta muerte contada ahora, Alan volvió al hospital y al centro de día. Estuvo ingresado hasta el jueves 17 de diciembre y andaba ilusionado con la idea de volver al centro de día y no volver al instituto. «Pero por las fechas en las que estamos y al haber ahora menos personal, en el centro de día le dijeron que no podría ir todos los días. Le citaron para el 24 y le dijeron que no podría volver hasta el jueves siguiente. O sea, para la mañana del 31».
Alan fue al centro en la mañana del día 24 de diciembre y estuvo hablando con una psicóloga. «La doctora nos llamó a mediodía y nos dijo que Alan estaba muy triste. Nos recomendó que le diéramos pastillas para ayudarle a dormir y nos dijo que estaba para ingresar, pero que como estábamos en fiestas navideñas, podía ser mejor que las pasara con nosotros».
- ¿Y qué pasó, Ester?
- Alan salió del centro y seguramente se sintió desprotegido sabiendo que no podía ir allí todos los días. Eso fue por la mañana. Por la tarde, a solas, se tomó unas pastillas antiguas que ya no tenía prescritas y que teníamos guardadas bajo llave y bebió alcohol. Se le paró el corazón.
Al día siguiente, la madre de Alan comunicó en un párrafo la muerte de su hijo a través de la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, el colectivo en el que había entrado hacía sólo un mes. «Si llego a conocerlos antes, mi hijo no estaría muerto», dice Ester por un teléfono que comunica lamento.
Chrysallis organizó el domingo ocho concentraciones de repulsa en distintas ciudades de España ante el «suicidio por acoso escolar» de Alan y las redes sociales escribieron su indignación con la transfobia y su apoyo al chico, que, sin saberlo, mantiene vivo un hashtag masivo #YoTambiénSoyAlan.
El Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) ha iniciado una investigaciónde oficio y anteayer, dos Mossos d'Escuadra estuvieron en casa de Alan hablando con sus padres y su hermano sobre los últimos días de la vida de este menor lastimosamente público.
-¿Cómo actuaron los adultos que rodearon a Alan durante su vida escolar?- preguntamos a Ester.
- Bien, pero tardaron en reaccionar. No me puedo quejar de su trato, entendieron siempre todo. Pero los profesores saben quién es quién. Saben quién es líder y quién no. Saben quién es el diferente y quién el que abusa. Saben quién tiene el poder y quién lo sufre. ¿Por qué no preguntan desde infantil a los niños si han visto a algún compañero sufrir por otro? Creo que en los institutos faltó un rastreo, un sondeo de si estaba pasando algo. Nosotros teníamos una reunión con el instituto el día 21, pero no pudimos ir porque teníamos cita con el médico y la habíamos aplazado al 11 de enero. Y mira...