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lunes, 22 de febrero de 2016

Dismorfofobia: ¡la fealdad imaginaria!


Dismorfofobia: ¡la fealdad imaginaria!


No te sientes guapo o guapa, tienes la sensación que la gente te ve feo o fea… No, tú no eres el patito feo del cuento. Esta visión deformada de tu cuerpo y de la opinión de los demás puede ser efectivamente una enfermedad: la dismorfofobia. Lee antes de optar por la cirugía estética o de encerrarte en casa…
Dismorfofobia : ¡la fealdad imaginaria!
© Getty Images
¿Te sientes horroroso y, a pesar de las artimañas y las estrategias desplegadas, te resulta imposible aumentar tu autoestima? ¿Y si todo está en tu cabeza?

Miedo de uno mismo

Tal y como su nombre indica, la dismorfofobia es una fobia, pero no tiene nada que ver con el vértigo, las serpientes o las arañas. Aquí, lo que te aterra de forma irracional es tu propio cuerpo. En efecto, todos nosotros tenemos, en algún momento u otro, ciertos complejos con los pies, la cintura, la nariz, los pechos… Pero el problema sucede cuando esto se convierte en una obsesión. Aquella o tal parte del cuerpo se convertirá en deforme cuando tú la mires, ya sea la nariz, las nalgas, los pechos… Y esto se transformará en la sensación que los demás sólo ven eso de ti y cuchichean sobre ello a tus espaldas. No habrá un día que pase sin que pienses en esa parte de tu cuerpo que te resulta “vergonzosa”. Llegados a este punto, el problema se convierte en un verdadero obstáculo social.

La anorexia es, por otro lado, una forma extrema de la dismorfofobia: sea cual sea su peso, el anoréxico o anoréxica siempre cree que está demasiado gordo o gorda y siente que tiene que adelgazar.

Adolescentes en primera línea

¿A quién le afecta este trastorno sobre sí mismo? No se conoce con exactitud la proporción de la población afectada por este mal, pero algunos estudios norteamericanos avanzan que una persona entre 50 tiene especial fijación sobre su físico. Esta enfermedad afecta especialmente a las adolescentes y a las jóvenes adultas.

Las causas de este trastorno se desconocen. Se trata de una ansiedad que se expresa en una focalización de una parte del cuerpo.

La dismorfofobia suele asociarse con otros trastornos psicológicos: depresión, trastornos del comportamiento alimenticio, trastornos maniaco-depresivos, ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos y otras fobias (agorafobia sobre todo).

Un tratamiento adecuado

No, el principal tratamiento de la dismorfofobia no es la cirugía estética. Ya que el problema está en el interior, cambiar el exterior no resolverá nada. En el peor de los casos, la persona aún se verá más horrible que antes; en el mejor, desplazará el problema a otra parte del cuerpo. El tratamiento de referencia es, sin duda, la psicoterapia. Pero la principal preocupación es convencer al enfermo de que necesita acudir a un psicólogo. Para él, el problema físico es real y no imaginario.
Pedir ayuda al médico de cabecera para facilitar la toma de conciencia a veces puede resultar útil. Una vez esta etapa ya esté superada, la terapia te permitirá abordar la raíz del problema. En este caso, las terapias comportamentales y cognitivas han demostrado su eficacia. Los tratamientos médicos (antidepresivos) pueden recetarse en algunos casos concretos.

Al cabo de unos meses, la autoestima volverá a aparecer y los defectos imaginarios habrán desaparecido.

Cómo afrontar una pérdida

Cómo afrontar una pérdida



Cómo superar una pérdida

Dicen que “crecer es aprender a despedirse” y, lo cierto es que, nos guste o no, a lo largo de nuestra vida, nos vamos a ver expuestos, a la pérdida, en numerosas ocasiones. Algunos dicen que es el precio que se paga por vivir, otros, que forma parte de la vida y debemos aceptarlo. Pese a ser un aspecto que no nos gusta, encajarlo, mejor o peor, va a depender de nuestra madurez y capacidad de aceptación.

Los diferentes tipos de pérdida

El concepto de pérdida lleva asociado el término “ausencia” o “carencia de”, e implica, cierto “vacío”.  A lo largo de nuestra trayectoria vital, con sus respectivas etapas y ciclos, nos vamos a ver expuestos a multitud de pérdidas: amigos, años, juventud, seres queridos.
Aunque, si bien es cierto, que no todas las pérdidas tendrán el mismo peso emocional, si es importante señalar, que toda pérdida significativa irá asociada con cambio, ya que tras ello, por más que uno se esfuerce,  no vuelve a ser el mismo.
Debemos aceptar que una parte de nosotros, se irá con aquellos a los que más quisimos y que ese vacío, será insustituible.

Etapas por las que pasamos tras una pérdida

Durante una pérdida vamos a pasar por un período que los psicólogos conocemos con el nombre de duelo. Los duelos como su nombre indican, duelen, y pretender negar esto, sólo nos llevaría a equívocos.
Se trata de un proceso muy variable, pero por lo general, no suele pasar de los dos años de duración, durante las cuales, vamos a pasar por una serie de fases.
Las fases del duelo son concretamente cinco y serían las siguientes: En un primer momento se produce negación, este, es  el mecanismo defensivo por excelencia de ser humano, cuando algo nos duele mucho, siempre es más fácil negarlo que enfrentarse a ello, por eso, es habitual que aparezca en un primer estadio, donde aún, hemos de procesar todo esto. Tras la fase de negación, entramos en la fase de rabia, estamos molestos, no podemos creer lo que ha ocurrido, nos sentimos irascibles y son habituales los estallidos de ira y las malas contestaciones. Afortunadamente, esto no dura siempre y entramos en una tercera fase conocida como la fase denegociación, aquí, decidimos ser algo más inteligentes y destinar toda esa energía en vez de a enfadarnos a intentar negociar la situación, “tal vez haya algo que podamos hacer” nos decimos y buscamos alternativas, posibles soluciones con tal de no aceptar la situación. Tras ver que nuestros esfuerzos son en vano, nos frustramos, pero esta vez, no es enfado lo que aparece sinotristeza, estamos  agotados, cansados de luchar y decaer es nuestra respuesta. Finalmente, tras un periodo de tristeza decidimos seguir adelante, aceptar y asumir lo ocurrido y es cuando decidimos dejar atrás y “superamos” la pérdida.

Efectos psicológicos de no aceptar una pérdida

Pero, ¿Qué ocurre cuando nos quedamos anclados en alguna de estas fases y no avanzamos? Si el proceso no hace su curso, aparece sintomatología asociada, sobretodo, la perteneciente al área depresiva y ansiógeno. La persona está reprimiendo la emoción, no dejando que esta brote y generalmente suelen aparecen cuadros de tipo psicosomático, donde el cuerpo encuentra una vía de canalización de todo este malestar.
Evitar el dolor no es la solución, así como tampoco lo es, regodearnos en el. Pero si es necesario ser capaz de aceptar lo ocurrido y para ello es necesario una serie de pautas.

¿Qué podemos hacer para superar una pérdida significativa?

El problema muchas veces es que huimos de todo lo que implica dolor, sin tener en cuenta que el duelo es la respuesta adaptativa a la pérdida. Para superar correctamente una pérdida es importante:
1. No quedarse anclado en el dolor: vivir anclado en el pasado nos desubica de nuestra situación actual, es importante que la persona retome su presente, haciéndose consciente de su situación actual.
2. Contar con una red de apoyo firme: amigos, círculo social, pareja, son indicadores de un buen pronóstico. Si la persona no tuviera una buena red social siempre es recomendable que realice actividades o salidas donde pueda ampliar su círculo y relacionarse con los demás.
3. Grupo de ayuda: los grupos de ayuda terapéutica en procesos de duelo, son muy beneficiosos para la salud mental, dado que potencian los vínculos. Ayudan a compartir el dolor, favorecen el sentimiento de pertenencia y cohesión al grupo y actúan como vía de escape al sentimiento de soledad.
4. Realizar labor social: Muchas personas que acaban de vivir o superar una pérdida se encuentran altamente productivos realizando actividades de apoyo social a colectivos desfavorecidos o hacia personas que han podido vivir situaciones similares a las suyas. Las tareas de voluntariado son terapéuticas.
Debes saber que todos pasamos por pérdidas y que lamentablemente, es algo que no vas a poder evitar. Si te encuentras mal no debes temer pedir ayuda.

Aprende a decir "no"

Aprende a decir "no"

¿Te cuesta decir no y terminas involucrada en situaciones que hubieras preferido evitar? ¡Entonces, es hora de que aprendas a revelarte!
Aprende a decir
© Getty Images
Tu jefe te pide que te quedes un rato más en la oficina, tu hijo quiere salir por tercera vez esta semana, tu hermano necesita que le dejes 500 euros… ¿No estás de acuerdo? ¡Díselo! A menudo cedemos a las presiones ajenas por miedo a las consecuencias que puede desencadenar una negativa de nuestra parte.
“Expresar nuestro desacuerdo nos obliga a ser activos, a cuestionar el orden establecido”, explica Marie Haddou, psicóloga clínica. “Decir no es aceptar tener que dar una explicación, negociar con el otro. Y es, también, exponernos a las críticas y al enfado de nuestro interlocutor. Este temor a ser juzgados refuerza el estado de dependencia en el que nos encontramos de cara a los demás. Y sin embargo, aprender a negarnos es indispensable para reafirmar nuestra personalidad y ser nosotros mismos…”.
Te damos seis consejos para que aprendas a “negarte”

1- No te culpabilices

Para tratar de sacarte un “sí”, las personas que te pidan algo (un familiar, un amigo, un colega) intentarán culpabilizarte, pero no debes dejarte influenciar por ellos: tu negativa no tiene por qué ser cuestionada. No cedas al chantaje, y menos al afectivo.

2- No te precipites

Tómate el tiempo que necesites para reflexionar sobre los pros y los contra de tu decisión, incluso –o sobre todo– si sientes que te presionan para que des rápidamente tu beneplácito. No dudes en pedir una prórroga para pensar.

3- Prepárate

Negarse es siempre un motivo de ansiedad, pero es importante aprender a controlarla, tomando conciencia de los pensamientos negativos automáticos que genera tu deseo de decir no. Reemplaza tus monólogos internos (“todo recae en mi”, “si digo no quedaré como una antipática”) por ideas realistas (“tengo derecho de expresar mis opiniones”). Puedes ayudarte de fórmulas: “lo siento de verdad pero mi respuesta es no” o "perdón, pero prefiero abstenerme".

4- Sé táctica

Para evitar agredir a tu interlocutor, es preferible usar “yo” (“no puedo dejarte dinero”) en lugar de “tú” (“nunca tienes un céntimo”). Adopta técnicas conocidas por los psicólogos, por ejemplo la del “disco rayado”, que consiste en repetir una opinión una y otra vez, hasta que el interlocutor la comprenda. Otra consiste en aparentar comprender las críticas pero sin por ello abandonar la propia posición (“sé que no es muy amable de mi parte pero no puedo ayudarte este fin de semana”). Estas dos actitudes, muy desalentadoras para el que demanda, deberían disuadirle rápidamente de sus intenciones.

5- Busca soluciones alternativas

El método del “no, pero…” te permite esquivar la dificultad. Si tu hermano te pide dinero puedes responderle: “Entiendo tus problemas financieros pero ahora no puedo ayudarte. ¿Por qué no le pides un adelanto a tu jefe?”.  Y a tu padres puedes explicarles: “Sé que contabais con nosotros en Navidad pero teníamos previsto ir a la montaña. Sin embargo, podemos vernos la primera semana de enero…”. De este modo, demuestras haber pensado en la demanda de tu interlocutor, que, además, no podrá acusarte de desinterés.

6- No te niegues a algo sólo para contradecir, por nervios o porque ya has aprendido la lección

Evita que tus negativas sean torpes o agresivas. Para favorecer los intercambios auténticos, el “no” debe utilizarse en el momento oportuno. Las contradicciones, los acuerdos y los desacuerdos permiten la comunicación, el intercambio. Saber decir “no” permite saber decir “sí”.
I. Delaleu

Las claves para quererse a uno mismo


Las claves para quererse a uno mismo



Ni te pareces a la chica de portada del momento ni a la actriz más sexy de Hollywood. ¿Y qué más da? Aprende a quererte tal como eres. Sigue estos consejos y besarás el espejo cada vez que te mires en él.
Claves para quererse a uno mismo
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Quererse es una de las claves para sentirse bien con uno mismo, recuperar la confianza, abrirse a los otros y ser feliz. Como lo señala Martine Teillac en su libro "S’aimer pour aimer les autres",  ("Quererse para querer a los demás"), es importante detectar las distorsiones que nos hacen vulnerables y tiran abajo nuestra autoconfianza.
Como señala Martine Teillac en su libro "S’aimer pour aimer les autres",  ("Quererse para querer a los demás"), es importante detectar esas imperfecciones que nos hacen vulnerables y echan abajo nuestra confianza.
  • ¡Stop a la paranoia! No, la vecina no te ha mirado raro ni tus compañeros de trabajo te critican a tus espaldas… Estos miedos sin razón te impiden ser feliz y concentrarte en lo esencial. ¿El problema? Proyectas en los otros tu falta de confianza en ti misma. 
  •  No dramatices tanto. El menor error o una palabra que no te gusta cobran proporciones desmesuradas. Todo te sirve para desvalorizarte y predisponerte al fracaso. Tú, en verdad, no eres una víctima y puedes salir del círculo vicioso que has creado y perpetúas. 
  • Deja de compararte. Mirar las cualidades de los otros hace que te olvides de tu propio valor. Si observas con ojos más críticos, te darás cuenta de que nadie es tan perfecto como parece.

Cualidades y defectos. ¡Evalúate!

El problema de la falta de confianza en sí mismo es que uno exagera sus defectos y minimiza sus cualidades. Es esencial por lo tanto poner unos y otros en su sitio. En su libro "S´ouvrir à son cœur d´enfant" ("Abrirse a su corazón infantil"), Marie France y France et Emmanuel Ballet de Coquereaumont proponen un ejercicio simple para identificar nuestras cualidades:
1–Instálate en un lugar tranquilo de la casa, sin teléfono y con lápiz y papel.
2–Respira calmada y profundamente.
3–Cuando estés lista, escribe en tres minutos 20 cualidades que posees.
4–Una vez pasados los tres minutos, para y hazte las siguientes preguntas:
¿Ha sido difícil? ¿Qué sientes cuando lees la lista? ¿Reconocer tus cualidades te incomoda? ¿Estás segura de poseer esas cualidades?
Tienes que repetir el ejercicio hasta que te convenzas de que posees esas cualidades.

Respeta tus valores

Para ser uno mismo hay que aprender a conocer y respetar los propios valores. En lo posible hay que evitar imponerse reglas de conducta que vayan en contra de éstos. Por ejemplo, si eres altruista te desarrollarás mejor en un trabajo de tipo social que de tipo comercial, en el que cotidianamente deberás luchar con los demás y contigo misma. Uno puede ir en contra de su naturaleza por un cierto tiempo pero no indefinidamente. Haz una evaluación de los valores que no estás dispuesta a negociar. Esta base guiará las elecciones que hagas a lo largo de tu vida.

Reconcíliate con el pasado

La historia familiar es a menudo un peso que limita la confianza en sí mismo. ¿Sientes que tus padres no te han apoyado suficientemente en la infancia o que incluso te han puesto obstáculos? Es hora de que te digas que ellos lo han hecho lo mejor que han podido y que si lo han hecho mal no ha sido con el propósito de dañarte. Tus padres, incluso, podrían encontrarse en una fase de reparación para compensar sus propias vivencias. Cuando los padres son asfixiantes es recomendable cortar el cordón. Todas las situaciones son diferentes y, generalmente, complejas. Lo esencial para recuperar la confianza en uno mismo es comprender los vínculos que mantenemos con nuestra familia para no tener que padecerlos. Es importante reconocer los modelos parentales y tomar una posición respecto de ellos, y a partir de ese momento, decidir qué se conserva y qué se desecha.
Aprender a quererse es un proceso y no ocurrirá de la noche a la mañana. Para progresar y triunfar en la construcción de la propia personalidad hace falta tiempo, constancia y paciencia.
A. Sousa