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martes, 6 de octubre de 2015

POEMA SHANGRI-LA



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Coger la luna, besar el sol
Marcar el tiempo, gritar libertad
Pensar durmiendo, soñando Despierto
Cantar al viento, esconder el mar en los bolsillos, de unos pantalones por planchar.
Caer en el abismo de un corazón reprimido por la ignominia de un alma sangrante.
Separar mi cuerpo en pedazos, y jugar con cada trozo en un amanecer por descubrir.
Mi boca se abre al mundo y mi voz desfigurada, arrastrada por las cadenas del tiempo grita tu nombre. Busco una primavera en mi vida oculta, por un invierno que moja mis pensamientos. Cojo una margarita y desojo los pétalos perdidos, hallados por el viento que suelta mis manos. Tú mirada fascinada y critica, busca el olor de campos multicolor que me dejaste pintar un día. Abro los brazos y abrazo el infinito. Quiero perderme para que me encuentres, miro el horizonte y pienso en shangrila , y ahí jugaremos al escondite hasta la eternidad.

                                               
João Martins Gonçalves


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2014 

EL DESAFIO DE SER DIFERENTE


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El desafío de ser diferente en las Sociedades actuales.

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El desafío de ser diferente en las Sociedades actuales.
Resumen.
Vivimos en una época en la cual los avances tecnológicos y científicos han conseguido avances extraordinarios. Sin  embargo, las relaciones humanas parecen haber sufrido un retroceso en el cual, muchos valores se han dejado de lado. En el camino del éxito individual parecemos haber olvidado  la solidaridad, el  respeto , la tolerancia… Es hora de empezar a recobrarlos, porque en caso contrario no habrá ningún tipo de de desarrollo cultural que permita seguir con vida  a la especie humana De nosotros mismos, depende la supervivencia de la especie o  su desaparición. El tiempo es ahora.

Palabras claves: obesofobia, homofobia, xenofobia, solidaridad, estigma


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Prólogo.
Todos sabemos que vivimos en un mundo sumamente conflictivo y contradictorio. Las diferencias y los  desentendidos abundan por todas partes del Planeta.
Y los Medios Masivos de Comunicación así lo hacen notar en forma permanente.
Sin embargo, jamás en la historia de la humanidad se han visto aparecer tantas declaraciones internacionales, regionales y nacionales orientadas a la protección de los Derechos Humanos.
¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué siguen aumentando los prejuicios y la discriminación pese a tantos esfuerzos qué se hacen por detenerlos?
¿Puede una persona perder o ver limitados sus derechos por su sexo, etnia, orientación sexual, peso o cualquier otra condición específica?
La mayoría de científicos sociales sostienen que vivimos en la Sociedad del conocimiento, pero ¿lo estamos aprovechando para el desarrollo de los principales valores de los seres humanos, tales como la igualdad, la libertad, la tolerancia y la dignidad, entre otros?

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¿O nos hemos quedado simplemente en hermosas palabras que todos conocemos y juramos respetar, pero qué olvidamos sistemáticamente en nuestra vida diaria?
Ha llegado la hora de que apliquemos ese conocimiento a favor de la única raza humana que existe, y dejemos  de utilizar esas diferenciaciones particulares como instrumentos de desigualdad social.
Si queremos vivir en un mundo mejor, en esa sociedad que tanto hemos plasmado en cientos de leyendas y poesías, es mejor que empecemos ahora. Mañana, ya será tarde.
Prejuicios y más prejuicios:
En su texto de Sociología, Macionis y Plummer, definen a los prejuicios como generalizaciones rígidas e irracionales acerca de toda una categoría de personas.
En definitiva, significa juzgar a un grupo de personas por ciertas cualidades que nosotros les atribuimos  por ciertas creencias que compartimos y que  son independientes de la realidad.
Y es algo que la mayoría de las personas hacemos, más allá de que solemos  valorar las diferentes declaraciones de Derechos Humanos como algo importante para la buena marcha de la sociedad.
Es decir, existen actualmente minorías que son  permanentemente  prejuzgadas  por la sociedad, por compartir alguna de las cualidades mencionadas con anterioridad  El término minoría no indica que estas personas sean siempre grupos  numéricamente chicos, sino más bien que, por sus características personales tiene una posición subordinada en la sociedad en que viven. Muchas veces, los miembros de una misma minoría tienden a  identificarse y a unirse entre sí, tratando de esta manera de tener una posición más favorable en su comunidad.

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Más grave aún, suele ser que muchas veces estas personas suelen ser utilizadas como chivos expiatorios por muchos miembros de la sociedad, por ejemplo, cuando en algunos sitios se ha dicho que los problemas laborales han aumentado desde que la mujer ha ocupado puestos en el mercado de trabajo, o cuando aún los comienzos de los años  ochenta se empieza a conocer la enfermedad del sida y se mira  a los homosexuales como una  de las principales causas del problema.
Es decir los chivos expiatorios son personas o categorías de personas con poco poder o prestigio en la sociedad en que viven, y a quiénes otros, en forma irracional culpan de sus propios problemas.
Estos individuos, lamentablemente, quedan muchas veces estigmatizadas, es decir, obtienen una marca negativa y que el resto de las personas utilizará  para definirlas o ubicarlas en la sociedad durante muchos años. (Estigmas, Irving Woffman, 1963) y qué son muy difíciles de quitar.

Prejuicios y discriminación: Generalmente, de la mano.
Si los prejuicios hacen referencia  a las creencias de las personas o sociedades, la discriminación se refiere a las conductas que tenemos hacia ciertas personas, es decir a las acciones o comportamientos que podemos tener respecto a éstas.
Discriminar es tratar en forma diferente  a otros seres humanos , de acuerdo a  la categoría a la que pertenencen.Y así como hay sociólogos que consideran que hay prejuicios positivos o negativos, hay también quienes dicen que la discriminación puede ser beneficiosa para algunos y perjudicial para otros.
Es decir sería positiva cuando se llevan a cabo medidas compensatorias que benefician a determinados grupos de personas, y negativas cuando se ponen obstáculos que impiden que otras puedan desenvolverse socialmente  en las mismas condiciones.
Generalmente, los prejuicios y la discriminación están estrechamente vinculadas, y suelen potenciaras en forma recíproca, dando lugar a un círculo vicioso que suele mantenerse durante  mucho tiempo.
Este círculo vicioso implicaría:
Sin embargo, es importante destacar lo que es discriminar  a otras personas por sexo, género, discapacidades, etc. y lo que es hacer distinciones individuales. Es decir continuamente hacemos distinciones entre las personas: unas nos parecen más inteligentes, otras más simpáticas, otras más lindas, etc.
Estas distinciones son inevitables, pero no implican discriminación. El que discrimina, no valora cualidades individuales de los individuos, sencillamente, las ignora, y solo ve el  color de su piel, su sexo, su identidad sexual...
Es decir, no se detiene para observar aquellas características reales que la persona puede tener.
Sobreviviendo en  Sociedades  Homofóbicas, Obesóficas, Xenofóbicas… :
1-La Homofobia:
Describe un sentimiento de miedo o rechazo hacia los homosexuales. El término fue acuñado a comienzos de los años 70 setenta  por  el psiquiatra norteamericano George Weinberg, que lo definió como el temor  de entrar en contacto cercano con los homosexuales.
La homofobia es una enfermedad pico social que transmite valores negativos hacia  determinadas categorías de personas , en este caso los homosexuales, y que trae como consecuencia el menoscabo de los derechos que todos los seres humanos deben tener y usufructuar  en igualdad de condiciones.
Muchas sociedades están tratando de reivindicar estos  derechos a través de algunas conquistas específicas, como por ejemplo: Matrimonio igualitario, derecho de adopción,etc
2- Obesofobia
La escuela  de Evolución Humana y Cambio Social de la Universidad de Arizona (EE.UU.) en un estudio reciente de investigación, demostró que la obesidad y la gordura, son vinculadas con fealdad, asexualidad e inestabilidad, mientras que la delgadez es asociada con salud, belleza, juventud, éxito, entre otras cosas.
Lamentablemente estos patrones van en aumento, aún cuando en la mayoría de las sociedades la obesidad también se extiende, y tal como lo establece la Antropóloga Alexandra Brewis, el ideal de delgadez está en aumento por el mundo y se está transformando en un nuevo patrón cultural.
3-Xenofobia:
Es el odio y rechazo al extranjero, con manifestaciones que van desde el el desprecio y las amenazas, hasta las agresiones y asesinatos. En la última década de siglo XX y principios del siglo XXI la xenofobia  se ha manifestado violentamente , en todas las sociedades y en lugares donde conviven diferentes grupos étnicos, que no están ni mezclados, ni integrados en las comunidades, muchas veces en forma involuntaria.
Cabe destacar, qué en una época  en la cual los movimientos migratorios y la globalización ha ido en aumento, la xenofobia sigue existiendo y siendo  tolerada en diferentes sociedades.
Conclusión:
En este nuevo siglo, los seres humanos seguimos traspasando las fronteras del conocimiento con mayor velocidad que nunca antes. Las Nuevas tecnologías de la Información y la Comunicación nos han permitido llegar a sitios inimaginables  un tiempo atrás.
Sin embargo, el crecimiento ético y moral parece ir en sentido contrario al  crecimiento científico.  Probablemente la prisa con que vivimos no nos permiten  detenernos a comprender  e integrar a nuestra personalidad todos esos principios que quedan redactados y protegidos en papel, pero que no quedan en el lugar más importante: Nuestra Conciencia.
Y es hora de que aprendamos de una vez por todas a respetar y tolerar los derechos de  todas las personas, aceptando sus diferencias y salvaguardando diferencias con toda nuestra fuerza, tratando de erradicar los prejuicios y la discriminación definitivamente.
Es importante comenzar a actuar de una vez por todas, porque mañana los diferentes podemos ser nosotros.

Profesora Sheina Leoni -Uruguay

HOMOFOBIA DURANTE LA ADOLESCENCIA

a homofobia durante la adolescencia


El reto más importante a los que se enfrenta la comunidad educativa en el siglo XXI es atender a la diversidad, siendo la homofobia uno de los problemas más destacados para erradicar. Por ello, hay que enseñar en tolerancia a nuestros jóvenes estudiantes.

HomofobiaescolarUno de los debates que centran nuestra educación hoy en día es cómo afecta la homosexualidad durante la adolescencia. Los médicos afirman que es una cuestión psíquica, especialmente relacionada con la intolerancia por parte de ciertos sectores sociales. Es por ello que muchas estadísticas muestran que el suicidio, la drogadicción o los problemas psicológicos afectan cada vez más a los jóvenes homosexuales. No obstante, también, en términos generales, aumentan los niveles de tolerancia y normalidad de la homosexualidad durante la adolescencia; especialmente en España, uno de los más tolerantes en diversidad sexual del mundo.
La homofobia es considerada por los expertos como las actitudes irracionales hacia aquellas personas que sean "sospechosas de esconder" una tendencia homosexual. Algo que, evidentemente, muchas veces no se corresponde con la realidad, por lo que también termina siendo dirigida hacia heterosexuales.
La pubertad y la adolescencia son una etapa muy difícil, no sólo por los evidentes cambios físicos y psicológicos, sino también por la lucha de defender su singularidad y el estrés emocional que puede suponer la autoaceptación, y en el caso de los gays, su sexualidad más allá de convencionalismos sociales.
Muchas veces los problemas generados en personas homosexuales durante esta etapa de la vida son la depresión, huir de casa o mantener un comportamiento hostil y de rencor contra sus familiares, amigos y el ambiente escolar. Hay que evitar llegar hasta este punto, pues podría arraigarse y mantenerse durante la etapa adulta, generando muchos problemas a la persona.
Uno de los recursos más significativos que utilizan los docentes en la actualidad es dotar a los jóvenes de mayor libertad e información para conocer sobre su propio desarrollo sexual, autonomía y comportamiento.
El 80 % de los adolescentes gays reciben insultos verbales
De hecho, son numerosas las investigaciones que se están realizando en la actualidad sobre este tema. El profesor Lock de la Universidad de Stanford ha escrito un artículo en la Revista Académica Americana de Psiquiatría sobre los adolescentes y la homofobia. Sus conclusiones son muy significativas. Aquellos que sufren abusos por su orientación sexual reciben insultos verbales en un 80%, un 44% llega a ser amenazado de manera violenta, el 31% fue acosado y/o perseguido y el 17% sufrió abusos físicos.
Es evidente que todos los actores de la comunidad escolar deben, en caso de producirse estos abusos, trabajar más estrechamente con la persona y su familia, siendo el colegio o instituto el lugar de ayuda para el adolescente. Si el caso es grave, no hay que dudar en pedir ayuda en una terapia con profesionales. Además, en caso de que los abusos sean extremos, habría que avisar a la policía para denunciar estos comportamientos intolerables.
Los grupos de apoyo, como unión de las familias y la comunidad escolar, es una terapia donde compartir experiencia y adquirir información que les ayude a madurar como personas. Por eso, buena parte de la solución está en los mismos adolescentes, en su madurez y valentía. Que no se avergüencen ante sus compañeros, familia y profesores, sintiendo el apoyo de estos, porque es el mejor refuerzo positivo que pueden tener.

HOMOFOBIA AUMENTA ENTRE LOS JOVENES

HOMÓFOBOS MÁS JÓVENES. Via El Mundo

HOMÓFOBOS MÁS JÓVENES. El Mundo 27.08.2015

"En Barcelona tenemos identificado un grupo de cinco menores que en los últimos meses ha atacado varias veces a homosexuales", asegura Eugeni Rodríguez, presidente del Observatorio contra la Homofobia de Cataluña (OHC). "Insultan, persiguen, rompen pancartas por la igualdad... han llegado incluso a hacer pintadas en la casa de una persona que vive en un bajo mientras le tiraban excrementos con la nota Maricón de mierda".
Del insulto y el acoso a la agresión física sólo hay un paso. Y todavía son niños. "El caso está en la Fiscalía de Menores, a la que hemos pedido que nos deje hacer una labor pedagógica con ellos para evitar que dediquen su tiempo libre a acciones homofóbicas", explica Rodríguez.
Educación en tolerancia, y un compromiso mayor por parte de la Administración, es lo que piden las asociaciones que defienden al colectivo LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales).
"La educación es el factor clave en la prevención de las agresiones homofóbicas y evidentemente algo no se está haciendo bien. Debemos recordar que la mayoría de los agresores tiene menos de 30 años", apunta Rubén López, vocal de Delitos de Odio de Arcópoli.
Según el último estudio publicado por el Ministerio del Interior, en 2014 el perfil del agresor homófobo más extendido era el de hombre español de entre 26 y 40 años. Sin embargo, al menos tres asociaciones del colectivo homosexual coinciden en que en este 2015 están observando un repunte de esta violencia en jóvenes de entre 16 y 20 años. En Cataluña, que es la única comunidad en la que hay un observatorio contra la homofobia, los casos de discriminación en las aulas ya suponen el 8,4% de las denuncias.
"La educación es clave en la prevención de las agresiones homofóbicas"
El último estudio a nivel estatal sobre jóvenes LGTB, de 2012, refleja que el 57% de los menores de 25 años que componen este colectivo afirman haber sufrido algún tipo de violencia psíquica y/o física. Además, un informe de INJUVE asegura que el 80% de la población joven española reconoce haber sido testigo de agresiones verbales a homosexuales y transexuales, un 40% de situaciones de exclusión y un 20% de violencia física.
"Las nuevas tecnologías, y el mimetismo con la situación de auge de este tipo de delitos que se está viviendo en el resto de Europa, no hacen sino incrementar el problema entre nuestros jóvenes", denuncia Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia. "Nuestra legislación es inadecuada, no sirve para atajar el acoso ni el discurso del odio del que nuestros menores se empapan", añade.
No es únicamente lo que reciben por la red lo que ha propiciado este aumento de la homofobia entre los menores que denuncian las organizaciones. "La Administración establece su perfil de agresor en un rango de edad demasiado alto al no poder reflejar a los más jóvenes por la Ley del Menor", asegura Ibarra. "Los grupos neonazis, por ejemplo, saben que utilizando a estos chicos sus acciones van a quedar impunes", denuncia.
El presidente del Movimiento contra la Intolerancia vaticina además un repunte de todas las modalidades de delitos de odio entre los más jóvenes, no sólo homofóbicos. "Un día les llevan a cazar homosexuales, otro pobres, otro inmigrantes... Así es como se educan; más de un padre ha venido a preguntarnos porque estaba preocupado por su hijo de 14 años", explica.
De los 1.285 delitos de odio que el Ministerio del Interior registró el año pasado, 513 fueron por motivos de orientación o identidad sexual. Esto supuso un aumento del 13,5% respecto a 2013, cuando se produjeron 452 agresiones de este tipo. Y para las asociaciones es sólo la punta del iceberg.
El Movimiento contra la Intolerancia asegura que sólo se denuncian el 25% de las agresiones homófobas y transófobas. "Las víctimas del colectivo LGTB siguen sin denunciar por miedo a acudir a la Policía, a las represalias, a quedar señaladas... miedo a asumir que hoy en día te han pegado por maricón", explica López. "Algunos ni siquiera quieren hablar con las asociaciones por lo que pueda pasarles".
Un problema de visibilidad y concienciación que para las organizaciones LGTB tiene dos formas claras de atajarse: campañas públicas y de educación, y una ley estatal contra la homofobia y transfobia.
Las asociaciones LGTB demandan una ley estatal que les defienda
"A corto plazo necesitamos una campaña grande de concienciación, y sobre todo que la gente vaya a denunciar para que las administraciones se pongan las pilas y dejen de argüir que no hay tantos casos", exige el vocal de Delitos de Odio de Arcópoli.
"A largo plazo necesitamos una enseñanza más activa en tolerancia en las aulas, ese lugar donde maricón bollera siguen siendo los insultos más escuchados. Además, exigimos que se cree una ley a nivel estatal de protección del colectivo LGTB como las que ya han ido promulgando en algunas comunidades autónomas", añade López.
Se refiere a las leyes de igualdad social y contra la discriminación del colectivo LGTB vigentes actualmente en Extremadura y Cataluña, esta última en vigor desde octubre del año pasado.
"Desde que entró en vigor la ley hasta el 10 de agosto tenemos registrados alrededor de 70 incidentes homófobos sólo en Cataluña, sufriendo el 69% los hombres", explica el presidente del Observatorio contra la Homofobia de Cataluña.
A nivel estatal, y dentro del colectivo LGTB, la discriminación y agresión por motivos de identidad sexual es muy importante. En lo que llevamos de año, la organización Transexualia asegura tener constancia de al menos ocho agresiones.
"Siempre hemos sido un blanco fácil por la cantidad de prejuicios que existen, pero este año hemos detectado un aumento del número de agresiones", denuncia Javier Gómez, miembro de la Junta Directiva de Transexualia.
"Vivimos en una sociedad multicultural y diversa en la que todos debemos aprender a respetarnos mutuamente. El desconocimiento de la transexualidad provoca prejuicios que por desgracia desembocan en demasiadas ocasiones en agresiones verbales y físicas", lamenta Gómez.

EDITORIAL Más educación en la tolerancia para acabar con las agresiones homófobas. . El Mundo 27.08.2015
El repunte de las agresiones homófobas que se está registrando en España -en muchos casos de forma silenciosa por miedo y dificultades a la hora de denunciar- y el hecho de que los agresores sean cada vez más jóvenes, e incluso menores, es un dato alarmante ante el que no podemos permanecer impasibles. Ahora que las encuestas del CIS indican que el 70% de los españoles acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo -lo que revela que la homosexualidad es percibida con mayor normalidad que nunca por la ciudadanía-, llama la atención que este tipo de agresiones representen cerca del 40% de los delitos de odio que se cometen en este país. La educación en la tolerancia y los valores cívicos son sin duda el mejor arma para erradicar el odio. Por ello, cabe preguntarse en qué están fallando familias y escuelas en la formación de nuestros jóvenes, dado que los agresores de entre 16 y 20 años son cada vez más numerosos.
Los testimonios de asociaciones de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB) que recogemos hoy en nuestras páginas son elocuentes. Las estadísticas muestran que en 2015, el número de ataques homófobos no ha caído frente al año anterior. Pero los representantes de este colectivo son más pesimistas y aseguran que las agresiones no denunciadas han aumentado este año en España y en el resto de Europa. Internet está jugando un papel cada vez más importante como agitador de las agresiones. Por un lado, en la Red, muchos jóvenes son animados a atacar a los homosexuales.Y por otro, las redes sociales se han convertido en una herramienta de acoso a gays y lesbianas difícil de controlar. Vincular a la Administración en la lucha contra las agresiones promovidas en el entorno digital y al mismo tiempo, educar en una sociedad menos machista a nuestros jóvenes es vital para reducir delitos de odio como los que se han registrado este verano en Madrid. Como recuerda hoy en nuestras páginas el autor de La edad de la ira, Fernando J. López, la homofobia, transfobia y misoginia están estrechamente relacionadas y son materias transversales en Secundaria. Por otra parte, ante el aumento de casos de este tipo de violencia en las aulas también sería deseable una mayor implicación de la Fiscalía de Menores, como reclaman las asociaciones.
También es preciso reforzar la atención a las víctimas, puesto que tan sólo se denuncian el 25% de las agresiones homófobas. Al igual que ocurre con la violencia de género, el temor a las represalias, la falta de pruebas o la impotencia hacen que en muchos casos los agredidos prefieran no denunciar. En este sentido, hay que aplaudir la iniciativa puesta en marcha por la Comunidad de Madrid esta semana. Después de las tres denuncias que se han presentado este mes de agosto en la región por ataques a gays y transexuales, el Gobierno de Cristina Cifuentes se ha puesto a trabajar con el Ministerio de Justicia para que las oficinas judiciales de ayuda a las víctimas atiendan de manera integral a las personas que sufran delitos de odio.

Más educación en la tolerancia para acabar con las agresiones
homófobasCuando escribí La edad de la ira no era consciente de las historias que esa novela iba a traer a mí. Historias de adolescentes y de profesores que se ven reflejados en la denuncia de la violencia y de la homofobia encerrada en esas páginas. Historias que, en ocasiones, han desembocado en finales tan trágicos como el del suicidio -este pasado curso- de un adolescente acosado por ser gay y que ponen sobre la mesa el grave problema de involución de la convivencia en nuestras aulas.
Resulta fácil culpar a los agresores directos, a esos adolescentes que acosan a un compañero por su orientación sexual. Sin embargo, esa acusación olvida la raíz del conflicto: el inmenso vacío en el que se halla la educación para la igualdad. En Secundaria el trabajo contra la homofobia, la transfobia o la misoginia -estrechamente vinculadas entre sí- es un simple contenido transversal. Una cuestión casi anecdótica subordinada, como tantas otras, al voluntarismo docente, de modo que educar en valores y mejorar la convivencia depende del tiempo, las ganas y la capacidad del profesor, a quien -por supuesto- no se forma en cómo abordar estas realidades en el aula.
Aulas donde no es raro encontrar un maricón escrito en la pizarra o en algún pupitre. Cabe la opción de borrarlo sin más, de pensar que "sólo es una gracia adolescente" ante la que no conviene "perder tiempo". Sin embargo, educar en el uso del lenguaje nunca es perder el tiempo. Al revés, estamos ganándolo. Cada vez que obviamos o minimizamos esos actos, olvidamos cómo afectan -directa o indirectamente- a quienes se hallan en proceso de construcción de sí mismos, a esos adolescentes que muchas veces no se atreven a confesar su homosexualidad por el miedo al rechazo y a la burla. Por el temor a convertirse, precisamente, en el objeto cotidiano e hiriente de ese maricón al que le hemos restado importancia.
Falta acción, falta compromiso y falta, sobre todo, visibilidad: "Hay una ley implícita por la que cualquiera que coge una tiza en el aula se vuelve hetero". Así expresaba, a través de un personaje de La edad de la ira, mi perplejidad ante la pervivencia de un gigantesco armario docente que aún hoy debe romperse. Por desgracia, todos conocemos ejemplos de compañeros que han sufrido problemas de acoso laboral tras expresar abiertamente su orientación en sus centros de trabajo pero, de nuevo, los culpables de la mayoría de esos conflictos no son adolescentes, sino ese mundo adulto que se finge tolerante y donde aún queda mucha homofobia que barrer. En mi caso, la visibilidad no me ha supuesto jamás un problema con mis alumnos y sí me ha permitido, sin embargo, intervenir en situaciones de las que, seguramente, no habría tenido noticia si no hubiera entablado con ellos ese lazo de confianza y sinceridad.
La adolescencia, aunque nos esforcemos -desde la distancia que nos otorga el tiempo- en olvidar sus aristas más dolorosas, nunca es fácil. No resulta sencillo buscarse a uno mismo y el hecho de sentirse distinto añade una complejidad más. Por eso, el mundo LGTB sigue necesitando modelos y compromiso. Y por eso, supongo, analizo en clase oraciones como "Eva y su novia fueron al cine" o he incluido un protagonista adolescente abiertamente homosexual en Los nombres del fuego, mi próxima novela juvenil, porque sin visibilidad seguiremos alimentando la ignorancia y, con ella, la violencia. Y ante la homofobia no hay arma más poderosa, ni más necesaria, que la educación.

Fernando J. López es profesor de Secundaria y autor del libro La edad de la ira