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viernes, 8 de julio de 2016

Victimismo Crónico: Personas que funcionan en "modo queja"


Victimismo Crónico: Personas que funcionan en "modo queja"

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Mujer con sombrilla bajo lluvia

Todos, en algún que otro momento, hemos asumido el papel de víctimas. Sin embargo, hay personas que se convierten en víctimas permanentes, sufren lo que podríamos considerar como un “victimismo crónico”. Estas personas se disfrazan de falsas víctimas, ya sea de forma consciente o inconsciente, para simular una agresión inexistente y, de paso, culpar a los demás, liberándose de toda responsabilidad.

En realidad, el victimismo crónico no es una patología, pero podría desembocar en un trastorno paranoide, cuando la persona insiste en culpar continuamente a los demás de los males que padece. Además, esta forma de afrontar el mundo, de por sí, conduce a una visión pesimista de la realidad, que produce malestar, tanto en la persona que se queja como en quien recibe la culpa.

En muchos casos, la persona que abraza el victimismo crónico termina alimentando sentimientos muy negativos, comoel resentimiento y la ira, que desembocan en un victimismo agresivo. Es el típico caso de quien no se limita a lamentarse sino que ataca y acusa a los demás, mostrándose intolerante y vulnerando continuamente sus derechos como personas.

Radiografía de una víctima crónica


- Deforman la realidad. Este tipo de personas creen firmemente que la culpa de lo que les sucede es de los demás, nunca es suya. En realidad, el problema es que tienen una visión deformada de la realidad, poseen un locus de control externo, y creen que tanto las cosas positivas como las negativas que ocurren en su vida no dependen directamente de su voluntad, sino de las circunstancias externas. Además, sobredimensionan los aspectos negativos, desarrollando un pesimismo exacerbado que les llevan a centrarse solo en las cosas negativas que les suceden, obviando las positivas.

- Hallan consuelo en el lamento. Estas personas creen que son víctimas de los demás y de las circunstancias, por lo que no se sienten culpable ni responsables de nada de lo que les sucede. Como resultado, lo único que les queda es lamentarse. De hecho, suelen encontrar placer en el acto de quejarse porque así asumen mejor su papel de "pobres víctimas" y logran llamar la atención de los demás. Estas personas no piden ayuda para solucionar sus problemas, solo se lamentan de sus desdichas en la búsqueda desenfrenada de compasión y protagonismo.

- Buscan culpables continuamente. Las personas que asumen el papel de víctimas eternas, desarrollan una actitud recelosa, suelen creer que los demás siempre actúan de mala fe, solo para ponerles la zancadilla. Por eso, suelen tener un afán casi morboso por descubrir agravios nimios, sentirse discriminados o maltratados, solo para reafirmar su papel de víctimas. Así, terminan desarrollando una hipersensibilidad y se convierten en especialistas en formar una tormenta en un vaso de agua.

- Son incapaces de realizar una autocrítica sincera. Estas personas están convencidas de que no tienen la culpa de nada, por lo que no hay nada que criticar en sus comportamientos. Como la responsabilidad es de los demás, no aceptan las críticas constructivas y, mucho menos, realizan un examen de conciencia a fondo que les lleve a cambiar su actitud. Para estas personas, los errores y defectos de los demás son intolerables, mientras que los propios son una simple sutileza. Después de todo, las víctimas son ellos.

¿Cuáles son sus estrategias?


Para que una persona pueda asumir el papel de víctima, tiene que haber un culpable. Por tanto, debe desarrollar una serie de estrategias que le permitan lograr que la otra persona asuma la culpabilidad en el asunto. Si no somos conscientes de estas estrategias, es probable que caigamos en sus redes y que incluso estemos dispuestos a cargar con toda la culpa sobre nuestras espaldas.

1. Retórica victimista

Básicamente, la retórica de esta persona se dirige a descalificar los argumentos de su adversario. Sin embargo, en realidad no refuta sus afirmaciones con otros argumentos que sean más válidos, sino que se encarga de que la otra persona asuma, sin darse cuenta, el papel de atacante. 

¿Cómo lo hace? Simplemente asume el rol de víctima en la discusión, de forma que la otra persona quede como alguien autoritario, poco empático o hasta agresivo. Es lo que se conoce en el ámbito de la argumentación como “retórica centrista” ya que la persona se encarga de mostrar a su adversario como un extremista, en lugar de preocuparse por refutar sus afirmaciones. De esta manera, cualquier argumento que esgrima su adversario, será solo una demostración de su mala fe. 

Por ejemplo, si una persona se atreve a contrastar una afirmación con un hecho irrefutable o con estadísticas provenientes de fuentes fiables, la víctima no le responderá con hechos sino que dirá algo así como: “Siempre me estás atacando, ahora dices que miento” o “Estás intentando imponer tu punto de vista, haz el favor de disculparte”.

2. Retirada victimista

En algunos casos, el discurso de la víctima está dirigido a eludir su responsabilidad y evitar tener que disculparse o reconocer su error. Por eso, intentará escabullirse de la situación. Para lograrlo, su estrategia consiste en desprestigiar el argumento del vencedor, pero sin llegar a reconocer que estaba equivocado.

¿Cómo lo hace? Una vez más, asume el rol de víctima, juega con los datos a su antojo y los manipula a su conveniencia con el objetivo de sembrar la confusión. Básicamente, esta persona proyectará sus errores en el otro.

Por ejemplo, si una persona le responde con un dato comprobado, que niega su afirmación anterior, la víctima no reconocerá su error. En todo caso, intentará hacer una retirada digna y dirá algo así como: “Ese hecho no niega lo que he dicho. Por favor, no cree más confusión y caos” o “Me está culpando de confundir a los demás, no tiene educación, es evidente que es inútil discutir con usted porque no atiende a razones”, cuando en realidad quien crea el desconcierto es él mismo. 

3. Manipulación emocional

Una de las estrategias preferidas de las víctimas crónicas es la manipulación emocional. Cuando esta persona conoce bastante bien a su interlocutor, no dudará en echar mano al chantaje emocional para poner el tablero a su favor y adoptar el rol de víctima. De hecho, estas personas son muy hábiles reconociendo emociones, por lo que utilizan cualquier resquicio de duda o culpa en su beneficio.

¿Cómo lo hacen? Descubren el punto débil de su adversario y explotan la empatía que este puede sentir. De esta forma, terminan envolviéndole en su tela de araña, para que esa persona adopte toda la responsabilidad y el papel de verdugo, mientras ellos se quedan cómodos en su rol de víctimas y pueden seguir lamentándose.

Por ejemplo, una madre que no quiere reconocer sus errores, puede poner la culpa en el hijo diciendo cosas del tipo: “Con todo lo que he hecho por ti, y así me pagas”. Sin embargo, este tipo de manipulación también es muy común en las relaciones de pareja, entre amigos e incluso en el ámbito laboral.

¿Cómo enfrentar a este tipo de personas?


El primer paso consiste en darse cuenta de que estamos ante una persona que asume el rol de víctima. Luego, se trata de resistir el embate y no dejar que nos enrede en su juego. Lo más sensato es decirle que no tenemos tiempo para escuchar sus lamentaciones, que si quiere ayuda o una solución, con gusto le ayudaremos, pero que no estamos dispuestos a perder tiempo y energía escuchando continuamente sus quejas.

Recuerda que lo más importante es que estas personas no te arruinen el día descargando en ti su dosis de negatividad y, sobre todo, que no te hagan sentir culpable. No olvides que solo te puede herir emocionalmente, aquel al que le des suficiente poder.

Las personas inteligentes deben agradecerles a sus madres


Las personas inteligentes deben agradecerles a sus madres ya que, según la ciencia, son ellas las encargadas de transmitirle los genes relacionados con la inteligencia. Por tanto, quizá los estereotipos de género que hemos arrastrado a lo largo de tantos siglos estén a punto de dar un vuelco radical. Las madres solteras que quieran tener un hijo inteligente no necesitan buscar a un Premio Nobel en un banco de esperma y es probable que los hombres comiencen a encontrar en la inteligencia de las mujeres su mayor atractivo.

En la base de esta idea se encuentra lo que se conoce como “genes condicionados”, los cuales se comportan de manera diferente según su origen. En práctica, estos genes tienen una especie de etiqueta bioquímica que permite rastrear su origen e incluso desvela si son activos o no dentro de las células de la descendencia. Curiosamente, algunos de esos genes condicionados solo funcionan si provienen de la madre. Si ese mismo gen se hereda del padre, es silenciado. Obviamente, otros genes funcionan de manera contraria; es decir, solo se activan si provienen del padre.

Las células de la madre se dirigen a la corteza cerebral, las del padre al sistema límbico


Sabemos que la inteligencia tiene un componente hereditario, pero hasta hace poco se pensaba que este dependía tanto del padre como de la madre. Sin embargo, diferentes investigaciones desvelan que los niños tienen mayores probabilidades de heredar la inteligencia de su madre ya que los genes de la inteligencia se encuentran en el cromosoma X.

Una de las investigaciones pioneras en este ámbito se realizó en el año 1984, en la Universidad de Cambridge. Este estudio analizó la coevolución del cerebro y el condicionamiento del genoma, para concluir que los genes maternos contribuyen en mayor medida al desarrollo de los centros de pensamiento del cerebro.

En aquel estudio los investigadores crearon unos embriones de ratones especiales que tenían únicamente los genes de la madre o los del padre. Sin embargo, cuando llegó el momento de trasladarlos al vientre de un ratón, los embriones murieron. Así fue como se descubrió que existían genes condicionados que se activaban solo cuando eran heredados de la madre y que son vitales para el desarrollo adecuado del embrión. Al contrario, el legado genético del padre es esencial para el crecimiento de los tejidos que más tarde forman la placenta. 

En aquel momento los investigadores hipotetizaron que si esos genes eran tan importantes para el desarrollo del embrión, era probable que también desempeñaran funciones relevantes en la vida de los animales y las personas, quizá incluso podrían determinar algunas funciones cerebrales. El problema era cómo demostrar esa idea ya que los embriones con genes de un solo progenitor morían rápidamente.

Los investigadores encontraron la solución: descubrieron que los embriones podían sobrevivir si mantenían las células embrionarias normales y manipulaban el resto. Así crearon diferentes ratones manipulados genéticamente que, asombrosamente, no se desarrollaron de la misma forma. 

Los que tenían una dosis extra de genes maternos desarrollaron una cabeza y un cerebro muy grande, pero tenían cuerpos pequeños. Al contrario, los que tenían una dosis extra de genes paternos tenían cerebros pequeños y cuerpos grandes. 

Al profundizar en estas diferencias los investigadores identificaron células que solo contenían genes maternos o genes paternos en seis partes diferentes del cerebro que controlaban distintas funciones cognitivas, desde los hábitos alimenticios hasta la memoria. 

En práctica, durante los primeros días de desarrollo del embrión, cualquier célula puede aparecer en cualquier parte del cerebro, pero a medida que los embriones maduran y crecen, las células que tenían los genes paternos se acumulaban en algunas zonas del cerebro emocional: el hipotálamo, la amígdala, la zona preóptica y el septum. Estas áreas forman parte del sistema límbico, que es el encargado de garantizar nuestra supervivencia y está involucrado en funciones como el sexo, la alimentación y la agresividad. Sin embargo, los investigadores no encontraron ninguna célula de los padres en la corteza cerebral, que es donde se desarrollan las funciones cognitivas más avanzadas, como la inteligencia, el pensamiento, el lenguaje y la planificación.


Nuevos estudios, nuevas luces


Por supuesto, los científicos han continuado investigando esta teoría. Años más tarde, Robert Lehrke desveló que gran parte de la inteligencia de los bebés depende del cromosoma X. Además, demostró que como las mujeres tienen dos cromosomas X, tienen el doble de probabilidades de heredar las características vinculadas a la inteligencia. 

Recientemente, investigadores de la Universidad de Ulm en Alemania estudiaron los genes involucrados en los daños cerebrales y descubrieron que muchos de ellos, sobre todo los que están relacionados con las habilidades cognitivas, se encontraban en el cromosoma X. De hecho, no es casualidad que la discapacidad mental sea un 30% más común en el género masculino.

Sin embargo, quizá uno de los resultados más interesantes en este sentido proviene de un análisis longitudinal llevado a cabo en el Medical Research Council Social and Public Health Sciences Unit de Estados Unidos. En este estudio se entrevistaron anualmente desde el año 1994 a 12.686 jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 22 años. Los investigadores tuvieron en cuenta diferentes factores, desde el color de la piel y la educación hasta el nivel socioeconómico. Así descubrieron que el mejor predictor de la inteligencia era el C.I. de la madre. De hecho, el C.I. de los jóvenes se apartaba tan solo una media de 15 puntos del de sus madres.

La genética no es la única responsable


Si nos apartamos del ámbito genético, también podemos hallar otros estudios que desvelan que la madre desempeña un rol importante en el desarrollo intelectual de sus hijos, a través del contacto físico y emocional. De hecho, algunos estudios apuntan que el apego seguro está íntimamente vinculado a la inteligencia.

Investigadores de la Universidad de Minnesota, por ejemplo, encontraron que los niños que han desarrollado un apego seguro con sus madres desarrollan un juego simbólico más complejo a la temprana edad de dos años, son más perseverantes y muestran menos frustración durante la resolución de problemas. 

Esto se debe a que el apego seguro les brinda a los niños la seguridad necesaria para explorar y la confianza suficiente como para resolver problemas sin desanimarse. Por otra parte, estas madres también les suelen proporcionar a los niños diferentes niveles de ayuda en la resolución de problemas, los cuales contribuyen a estimular aún más sus potencialidades.

La importancia de la relación afectiva para el desarrollo del cerebro ha sido demostrada por investigadores de la Universidad de Washington, quienes desvelaron por primera vez que un apego seguro y el amor de las madres es fundamental para el crecimiento de algunas partes del cerebro. Estos investigadores analizaron durante 7 años la forma de relacionarse de las madres con sus hijos y descubrieron que cuando estas apoyaban emocionalmente a los niños y satisfacían adecuadamente sus necesidades intelectuales y emocionales, a los 13 años el hipocampo de estos pequeños era un 10% mayor que el de los niños que tenían madres distantes emocionalmente. Vale aclarar que el hipocampo es una zona del cerebro vinculada con la memoria, el aprendizaje y la respuesta ante el estrés.

¿Podemos hablar realmente de inteligencia heredada?


Se estima que entre un 40-60% de la inteligencia es heredada. Esto significa que el porcentaje restante depende del entorno y la estimulación. De hecho, la inteligencia no es más que la capacidad para resolver problemas. Sin embargo, lo curioso es que para resolver problemas, incluso un problema matemático o físico, también entra en juego el sistema límbico pues nuestro cerebro funciona como un todo. Por tanto, aunque la inteligencia es una función que está íntimamente relacionada con el pensamiento racional, también influye la intuición y las emociones, que genéticamente hablando, es el punto en el que entra la contribución del padre.

Por otra parte, no debemos olvidar que aunque un niño tenga un elevado C.I., es necesario estimular esa inteligencia y alimentarla a lo largo de la vida con nuevos retos que representen un desafío constante. De lo contrario, la inteligencia se estancará.

Más allá de lo que afirme la genética, los padres no se deben desanimar porque también pueden contribuir mucho al desarrollo de sus hijos, sobre todo estando disponibles emocionalmente y convirtiéndose en su modelo. El C.I. con el que nacemos es importante, pero no determinante.

¿Te molesta el sonido que hace la gente cuando mastica? Quizá eres un genio creativo


¿Te molesta el sonido que hace la gente cuando mastica? Quizá eres un genio creativo

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Algunas personas son más sensibles que otras, y les molestan enormemente algunos estímulos del medio que para los demás suelen pasar desapercibidos. Para las Personas Altamente Sensibles las luces brillantes, el desorden, un olor más fuerte de lo habitual o ciertos sonidos pueden ser auténticas torturas.

Existe una sensibilidad especial denominada misofonía que implica una aversión ante los sonidos cotidianos producidos por otras personas, como masticar, toser o sorber. De hecho, estas personas no pueden soportar el sonido que hacen los demás al masticar, un problema que afecta aproximadamente al 20% de la población.

Misofonía: La molestia visceral que no se puede explicar


Los sonidos que molestan a la persona con misofonía suelen tener una intensidad muy baja, del orden de 40 a 50 decibelios, lo cual significa que se encuentran muy por debajo de una conversación normal, por lo que en muchos casos son apenas audibles para el resto de las personas.

Sin embargo, para quien padece misofonía estos sonidos pueden convertirse en una tortura. Escuchar a alguien masticar puede desencadenar estrés, irritación y en casos extremos hasta una rabia violenta. Por eso, en muchas ocasiones se generan discusiones en la mesa.

La persona con misofonía puede pedirle al otro comensal que mastique más despacio y sin hacer ruido, pero esa persona puede sentirse atacada y no comprende cómo ese sonido tan bajo puede causar molestias. Como resultado, concluye que esa persona tiene algo en su contra, que se enfada sin razón o que está amargado por otra causa y la paga con ella.

Para evitar este tipo de discusiones, la persona con misofonía a veces prefiere quedarse callada y simplemente se levanta y abandona la mesa. Sin embargo, ese gesto también genera irritación en el resto de los comensales ya que no entienden su actitud ni su irritabilidad. 

Curiosamente, esa sensación de molestia se amplifica aún más cuando los sonidos provienen de personas cercanas. Por eso, esa hipersensibilidad a menudo crea problemas en sus relaciones interpersonales ya que las otras personas se sienten rechazadas.

¿Cuáles son las causas de la misofonía?


En la base se encuentra un problema de tolerancia a los sonidos. Una hipótesis es que se trata de un trastorno neurológico, probablemente en las estructuras altas del sistema nervioso central. Podría tratarse de un daño en la corteza prefrontal medial, o un problema similar al tinnitus, un sonido fantasma que normalmente se debe al daño en las células ciliadas de la cóclea.

Otra hipótesis indica una correlación entre la misofonía y los trastornos obsesivo-compulsivos, haciendo hincapié en la existencia de experiencias negativas relacionadas con este tipo de sonidos. En práctica, esa repulsión podría provenir de un pequeño trauma que ha activado una respuesta excesiva de la amígdala, sin que medie el control de los lóbulos prefrontales. Por eso, la persona experimentaría una reacción visceral que le resulta muy difícil controlar. 

De hecho, por más que la persona lo intente, no puede dejar de escuchar ese sonido. En este sentido, resulta revelador un estudio llevado a cabo en la Universidad de California. Estos neurocientíficos se dieron a la tarea de comprobar si la aversión a esos sonidos era real. Para ello, les pidieron a las personas con misofonía que escucharan una serie de sonidos y calificaran el nivel de incomodidad que les producían. Otro grupo de personas que no padecía este problema escucharon los mismos sonidos e indicaron cuánto les molestaban.

Mientras se exponían a los sonidos, unos electrodos medían la conductividad eléctrica de la piel para detectar el nivel de activación fisiológica. Los resultados mostraron que las personas con misofonía sudaban más y presentaban un mayor nivel de activación fisiológica ante sonidos como masticar un chicle. Sin embargo, cuando escucharon sonidos más relajantes como el de la lluvia, no mostraron esa reacción.

Aprender a centrarse en lo positivo


Existen diferentes estrategias para lidiar con la misofonía. Antes de llegar al punto de no retorno en el que la ira te domina, puedes atenuar el ruido. Por ejemplo, el zumbido de un ventilador en marcha, el sonido de la música relajante o un dispositivo que emita ruido blanco pueden ser soluciones que contenten a todos los que están reunidos alrededor de la mesa. 

También sería conveniente que le expliques a las personas importantes para ti lo que te ocurre, así al menos comprenderán que no se trata de rechazo o simple mal humor, sino de un problema real contra el que tienes que luchar cada día.

Además, ten en cuenta que toda situación, por muy negativa que pueda parecer, siempre puede tener un lado positivo. Un estudio llevado a cabo por psicólogos de la Universidad de Northwestern desveló que mientras más te afecte este tipo de ruidos, más probabilidades tienes de ser un genio creativo.

De hecho, la creatividad se ha vinculado con una atención atípica. Todos tenemos un sistema de entrada sensorial que tiene una base neurológica y nos permite eliminar todos esos estímulos innecesarios, de manera que el cerebro no termine sobresaturándose. Sin embargo, estos psicólogos trabajaron con 84 personas y descubrieron que aquellas que no eran capaces de filtrar los estímulos irrelevantes, como los sonidos bajos del medio, también eran más creativas. 

Según esta investigación, tener un sistema de entrada sensorial con “fugas” nos permite integrar ideas fuera del foco de atención, dando lugar a soluciones más creativas en el mundo real. Por tanto, si bien es cierto que la misofonía puede causarte muchos dolores de cabeza, también puedes sacarle partido. Solo debes aprender a controlarla.

Quiero ser feliz”.

joven feliz con sombrilla

Un día una maestra le preguntó a un niño de apenas 7 años qué quería ser cuando fuera grande.

El niño le respondió: “Quiero ser feliz”.

La maestra lo miró atónita y le dijo: “Usted no ha entendido la pregunta”.

A lo que el niño respondió sin inmutarse: "Y usted no entiende la vida".

Ese niño era John Lennon.

No sé si la historia es real o si se trata de una leyenda urbana pero lo cierto es que si todos tuviésemos el objetivo de ser feliz en la vida, el mundo sería un poco mejor.

Tres concepciones erróneas sobre la felicidad que nos amargan la vida


La felicidad siempre ha sido una de las metas de la humanidad pero, al mismo tiempo, también ha sido uno de los sueños más escurridizos y difíciles de alcanzar. En gran parte, esto se debe a nuestras creencias erróneas sobre el propio concepto de felicidad. Y es que, después de todo, nosotros somos nuestro principal obstáculo para ser felices.

1. Hay quienes no creen que existe la felicidad y, por tanto, ni siquiera la buscan. De hecho, la creencia de que la felicidad no existe es tan fuerte que algunas personas tienen todo lo necesario para ser felices pero no se percatan de ello. 

2. Hay quienes creen que solo existen momentos felices. Estas personas suelen adoptar una actitud pasiva, esperan que la felicidad toque a su puerta y la disfrutan pero con aprensión, sabedores de que durará poco. Por tanto, no hacen nada para atesorarla.

3. Hay quienes creen que la felicidad se consigue y dura para toda la vida. Estas personas creen que la felicidad es una posesión, una meta que consiguen de una vez y por todas. Obviamente, cuando se dan cuenta de que no es así, suelen pasar al extremo opuesto y caen en una depresión profunda o pierden el sentido de la vida.

Entonces, ¿qué es la felicidad?


La felicidad es un estado de satisfacción y paz interior que puede ser más o menos estable a lo largo del tiempo pero que demanda una buena dosis de esfuerzo sostenido. La felicidad no es una meta, es un camino que debemos estar dispuestos a emprender. La felicidad es una decisión personal.

¿Existe un secreto de la felicidad?


La felicidad es un viaje y, como tal, es personal. Sin embargo, en los últimos años las investigaciones que se han hecho en el marco de la Psicología Positiva nos han permitido descubrir que, después de todo, no somos tan diferentes. Las cosas que nos hacen verdaderamente felices son bastante similares, sin importar nuestra cultura o condición social. Así sabemos, por ejemplo, que el dinero puede generar una euforia transitoria y da tranquilidad económica pero no reporta verdadera felicidad. Al contrario, las relaciones interpersonales son nuestra mayor fuente de satisfacción.

¿Cómo ser feliz?


1. Deja atrás las excusas. Existen mil y una excusas para ser desgraciados pero solo una buena razón para ser feliz. Es cierto que hay desastres naturales, que hay millones de virus acechándote, que la crisis económica ha puesto a prueba tu resiliencia y que a veces el mundo complota en tu contra. Sin embargo, las condiciones ideales nunca estarán creadas, es imprescindible aprender a ser feliz a pesar de todo y de todos. La vida es mucho más corta de lo que imaginamos, los años pasan en un abrir y cerrar de ojos por lo que si nunca tienes tiempo para hacer las cosas que quieres, puede ser que cuando quieras, ya no tengas tiempo. No procrastines tu felicidad porque será el peor error que cometerás.

2. Decide ser feliz, el cómo llegará después. Hay personas que se empecinan tanto en el “cómo” que se pierden el “por qué”. Son aquellos que siempre se preguntan cómo harán las cosas y, si no encuentran una respuesta que les satisfaga, abandonan el proyecto antes de empezar. Sin embargo, los mayores logros de la vida se consiguen tomando una decisión consciente y comprometiéndose con esta, el cómo llega más tarde, como una consecuencia natural. Cuando estamos motivados y tenemos una buena razón que nos impulsa, vamos encontrando las herramientas a lo largo del camino. 

3. Sé optimista, mira el mundo en colores. No se trata de adoptar un optimismo ingenuo, de convertirse en fieles seguidores de la Ley de la Atracción y pensar que conseguiremos todo lo que deseamos vehementemente. Sin embargo, entre el blanco y el negro existe una infinidad de colores. Para ser feliz es fundamental aprender a apreciar los matices porque en ellos descubrirás las cosas más positivas, incluso en los sucesos que en un primer momento te parecían horribles. Aprender a ver el vaso medio lleno te brindará confianza y te animará a seguir adelante. Recuerda que un fracaso solo significa que estás más cerca de tu meta.

4. Jamás te canses de agradecer. Numerosas investigaciones han descubierto que la gratitud es una de las claves para ser feliz. El secreto radica en que, para sentir gratitud, primero debemos ser capaces de reconocer las cosas buenas de la vida. Solo después podemos dar las gracias por ellas. La gratitud implica una mayor conciencia de nosotros mismos y de nuestro entorno, aprender a centrarnos en lo que tenemos en vez de quejarnos por lo que no tenemos. Un excelente ejercicio para desarrollar la gratitud consiste en escribir cada noche, antes de acostarnos, tres cosas por las que nos debemos sentir agradecidos. 

5. Aprecia los pequeños detalles. A medida que crecemos, nuestro universo se reduce. Dejamos de mirar a nuestro alrededor para centrarnos cada vez más en nosotros mismos, en nuestros problemas. Dejamos de apreciar el mundo y su belleza porque estamos demasiado “ocupados”. Sin embargo, reaprender a apreciar los detalles tiene múltiples implicaciones para nuestro bienestar. Ante todo, nos ayuda a olvidar los problemas y potencia la relajación, estimula la creatividad y, por último, al estar plenamente presentes, nos permite ser más felices. Existe una técnica muy sencilla denominada “combing” que te ayudará a apreciar los pequeños detalles. Simplemente debes apuntar a un objeto, como hacen los niños, y mencionar su nombre, como si fura la primera vez que lo ves. Durante los primeros intentos no notarás nada nuevo pero poco a poco, comenzarás a notar detalles que habías pasado por alto y redescubrirás la belleza y unicidad del mundo que se encuentra a tu alrededor.

6. Estar plenamente presentes. La vida se nos escapa mientras nos preocupamos por el futuro y nos lamentamos por el pasado. No nos percatamos de que lo único que en realidad tenemos, lo único que nos pertenece es el presente. La culpa y las recriminaciones que provienen del pasado, junto a la incertidumbre y las preocupaciones del futuro, nos impiden vivir el “aquí y ahora”. Estar en la oficina pensando en las vacaciones e irse de vacaciones pensando en el trabajo que dejamos atrás es la mejor manera para arruinar cada uno de los momentos. A lo largo de los años hemos aprendido a vivir suspendidos en un tiempo inexistente pero poco a poco podemos cambiar ese hábito, aprendiendo a centrarnos en el “aquí y ahora”, obligándonos a estar plenamente presentes y disfrutar del momento, sacándole el máximo partido a lo que estamos haciendo.

7. Haz lo que amas y aprende a amar lo que haces. En la Psicología hay un concepto muy poco difundido pero es una de las claves para ser feliz: la capacidad de fluir. El estado de “flow” indica a una persona que ama lo que hace y se sumerge tanto en la tarea que se olvida de sí misma y de las preocupaciones, es como si todo a su alrededor se difuminase. En ese momento estamos plenamente presentes, disfrutando lo que hacemos, sin estrés y sin tensiones. La felicidad viene de la mano de esos estados en los cuales fluimos, nos dejamos llevar por lo que estamos haciendo y aprendemos a disfrutar. Por tanto, si te estás preguntando cómo ser feliz, una de las claves radica en retomar esas actividades que generan un estado de “flow”.

8. Cambia cada vez que sea necesario. Cuando somos jóvenes tenemos muchas ilusiones y proyectos pero después, muchas personas se ven atrapadas en una vida que no les satisface, se dejan vencer por los obstáculos y acatan los convencionalismos sociales. Como resultado, la queja se convierte en una compañera de viaje permanente. Estas personas se han construido su propia cárcel y piensan que los barrotes son reales, se mantienen atadas a un lugar o a una situación que no les gusta porque piensan que no hay otra solución. Sin embargo, puedes cambiar. No tienes por qué conformarte con una vida que no te satisface, siempre puedes hacer algo para mejorar y ser más feliz. De la misma manera, es importante que aceptes el cambio, todo está en continua transformación y aferrarse al pasado, a una zona de confort, solo sirve para hacernos daño. 

9. Deja ir todo lo que no necesites, suelta lastre. Uno de los principales problemas de la sociedad actual es que ha fomentado una confusión entre la “necesidad” y el “deseo”, de esta forma ha alentado un consumismo desenfrenado que nos hace correr detrás de cosas que no necesitamos. Al correr nos estresamos y no logramos disfrutar de la vida. Sin embargo, el smartphone, el coche de lujo o la casa más grande no son parte de ti y no te aportan más valor como persona, son tan solo un espejismo que te ayuda a construir una imagen social. De la misma forma en que nos aferramos a las posesiones, como si formaran parte de nuestro “yo”, retenemos las emociones negativas como el resentimiento y la ira, hasta que terminan acumulándose y haciéndonos daño. Por tanto, si de verdad quieres ser feliz, debes estar dispuesto a soltar todo el lastre, tanto el material como el emocional. 

10. Cultiva las relaciones como si se tratase de un jardín. Las relaciones interpersonales son nuestra principal fuente de satisfacción pero, a la misma vez, son el principal foco de conflicto. Esto se debe a que enfrentamos las relaciones de manera inadecuada, desarrollando un apego inseguro, generando expectativas irreales o asumiendo máscaras sociales. Sin embargo, para ser feliz debes comenzar a pensar en las relaciones interpersonales como en un jardín, en el cual hay plantas que merecen ser regadas y cuidadas cada día, mientras que otras, las malas hierbas, deben ser eliminadas. En el ámbito social es importante cuidar las relaciones que realmente merecen la pena y continuar dándoles agua aunque se marchiten un poco, pero también es fundamental detectar a los vampiros emocionales y establecer límites o alejarlos definitivamente. Eres tú quien decide qué plantas dejas crecer en tu jardín.      
Rincón de la Psicología ~ 9:10