CAJA DE MÚSICA
Tristeza
que viene de lejos, lava furiosa que se funde en el mar. Me tumbo en la arena absorto
y cansado, mi cuerpo se mimetiza con el entorno. Cae la noche, las estrellas
como espías roban mis intenciones. La luna me sirve de sabana, el calor me anestesia.
La mañana me despierta con su luz resplandeciente de libertad, el mar tranquilo
se funde con el sol, en un tono azul y verde esmeralda. El agua me refresca y
me hechiza, me acuna, y me dejo llevar escuchando una canción de familia, que
los cuervos bailando cantan para mí, Como la soledad vejatoria.
Horas
contrastadas por un reloj que desafía el silencio
pegado en las paredes. Pudiéndose cortar en el aire que dejo de respirar. La
música se escucha de lejos, escribo sistemáticamente lo que no sé, no pienso lo
que escribo, y hablo lo que siento. Abro una cajita de música, la bailarina
herida y triste, armoniza una canción fúnebre. Los espacios se reducen, el
calor funde las palabras, la lengua cortada por el miedo, silencia la caja de
música.
J. Martins Gonçalves

No hay comentarios:
Publicar un comentario