Translate

Datos personales

Archivo del blog

jueves, 31 de diciembre de 2015

600 asesinatos Gays transexuales y lesbianas al año

Latinoamerica registra 600 asesinatos  de gais, transexuales y lesbianas al año

Las personas que cambian de identidad sexual son especialmente perseguidas en el istmo central


Maniffestación del Orgullo Gay de Río de Janeiro en 2013. / FERNANDO FRAZÃO  (ABR)
Solo en Latinoamérica, unas 600 personas son asesinadas cada año por ser lesbiana, gay, transexual o bisexual (LGTB), según recoge el último trabajo de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en la web www.perseguidoslgtb.org. Pero esta cifra es solo una parte de los crímenes que sufren en muchos países del mundo las personas cuya identidad de género u orientación sexual no se ajusta a lo considerado normal. Lo que ocurre es que, del resto, no hay tantas cifras. Pero hay indicios: solo en el territorio que ocupa el grupo yihadista Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), han sido ejecutados unos 30 gais, según los últimos informes. Lapersecución en África y en el Este de Europa, sobre todo en Rusia y las repúblicas que surgieron tras la desintegración de la URSS son garantía de que la cifra total es muy superior.
De estos, las personas transexuales son especialmente vulnerables,como ha explicado Paloma Favieres, del área jurídica de CEAR, en la presentación del informe. El estudio recoge que unas 1.700 de estas personas han sido asesinadas en solo 62 países (de los 120 del mundo) entre 2008 y 2014. Esto se basa en 76 países que penalizan legalmente el ser o comportarse como un homosexual o un transexual, y, también, en muchos otros en los que la persecución es social, aunque no sea legal.
Esta persecución de la población LGTB tiene un reflejo en su búsqueda de países más seguros, que es como consideran a España.Son apreciaciones de CEAR, pero hay algunos datos que lo reflejan. Por ejemplo, Manuel Ródenas, del programa LGTB de la Comunidad de Madrid, la que más migrantes recibe, afirma que las consultas por asilo o refugio han pasado en pocos años de ser el 13% del total a ser el 23%. "Y en el departamento jurídico ya son el 50%".
El caso de las mujeres perseguidas por su identidad de género, latinoamericanas sobre todo, también tiene una constatación en España. "En Madrid, el 90% de las transexuales son extranjeras", expone Ródenas.
Una de las que ha llegado hace relativamente poco es Alexandra Andino, una hondureña de 35 años que en 2012 aterrizó en el aeropuerto de Madrid huyendo de la persecución. "En mi país tenía miedo constante a caminar por la calle. Siempre volvía a casa con una pedrada, un salivazo. Aunque a veces una palabra duele más", añade. "Lo que tengo podrido por dentro nadie me lo va a quitar".
Andino cree que no fue asesinada porque era demasiado conocida como activista. Muchas de sus compañeras no tuvieron esa suerte. "Reconocí más de 100 cuerpos de compañeras de mi organización", afirma. Pero ello no le libró de ser secuestrada y torturada. "Me tocó. Todo el mundo sabía que me iba a tocar. En la televisión pública dijeron que iban a por mí, que me iban a cortar la lengua", relata. Aunque aquella fue de las pocas torturas que no sufrió. "Vinieron a mi casa. Era fácil, yo vivía sola y era muy conocida. Durante varios días me pegaron, me apuñalaron, me dispararon, me violaron. Me fracturaron los huesos. Pedí a gritos mil veces que me mataran, pero ellos seguían torturándome. Decían que tenía que sufrir más que las demás".
Después de aquello, viajó a refugiarse a España. "Tuve que reunir unos 2.500 euros para el pasaje, y otros mil para poder entrar. Todos me ayudaron. Mi mamá decía: ‘Prefiero tenerte lejos a muerta". Pero el refugio español no era tan fácil de conseguir. Nada más llegar, en el mismo aeropuerto fue detenida. Un abogado de oficio que la vio llorar le informó de que podía pedir asilo por ser víctima de un delito de odio.
El ser una activista reconocida también la ayudó en este caso. Ródenas afirma que ha comprobado que en España quienes han sido activistas en sus países tienen más fácil conseguir el asilo. Pueden aportar recortes de prensa para probar su persecución y el peligro que sufren si vuelven. "A los otros migrantes les cuesta más", admite Favieres. La ley concede el estatuto de refugiado solo si hay un serio peligro, si las amenazas han sido reiteradas, explica. Esta dificultad probatoria hace que "las peticiones de asilo sean muchas y crezcan, y las concesiones muy pocas", dice Ródenas.
Con su caso solucionado, Andino afirma que ahora "caminar por las calles de Madrid es un paraíso". "A la gente le da igual cómo sea. En Honduras era el centro de atención".
Pero la llegada a España a veces no elimina el problema. Muchas veces, el migrante es internado en centros de extranjería, donde hay otros compatriotas que mantienen los mismos prejuicios que sus conciudadanos mantenían en el país de origen. "A alguno ha habido que cambiarlo de centro", dice Ródenas. Lo mismo pasa fuera, porque los extranjeros tienden a relacionarse primero con otras personas de su mismo origen, añade Favieres. Y no es su único problema. Los datos del Ministerio de Interior sobre delitos de odioen 2015 indican que el 39,9% fue por orientación o identidad sexual, y el 37% por razones racistas o xenófobas. "Y a estas personas les afectan los dos. Sufren una doble discriminación", concluye Ródenas.
  • Enviar a LinkedIn
  • Enviar a Google +
  • Enviar
  • Guard

Niños atrapados en su cuerpo


REPORTAJE:

Niños atrapados en su cuerpo

La Unidad de Trastorno de Identidad de Género ha tratado a 77 menores - Los pacientes reciben asistencia psicológica y tratamiento hormonal a los 16 años

Mar y Miguel coinciden en recordar el día de su primera comunión como uno de los más "horribles" de su vida. A ella le pusieron un traje de marinero y a él un vestido blanco de volantes. "Estaba monísimo", recuerda, "pero lo pasé fatal". Mar nació con cuerpo de niño y Miguel de niña. Son dos personas transexuales que ya disfrutan de una identidad legal y una apariencia acorde con el género al que siempre sintieron que pertenecían, pero para llegar hasta aquí han tenido que enfilar un camino lleno de piedras que, aseguran, empezó en la infancia.
Aunque la mayoría de los pacientes que recibe la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG) del Hospital Carlos Haya de Málaga es mayor de edad, casi un 10% no ha cumplido los 18. De los alrededor de 800 transexuales que ha tratado este equipo en sus 10 años de actividad, 77 son menores. El más pequeño, de 12 años, aunque la coordinadora de la unidad, Isabel Esteva, afirma que la media llega con 14 ó 15.
"Ojalá me hubieran tratado. Tuve una 95 de sujetador", cuenta Miguel
"Viví un día horrible cuando me vistieron de marinero", recuerda Mar

MÁS INFORMACIÓN

Igual que los adultos, estos jóvenes reciben atención psicológica, primero para confirmar el diagnóstico y, después, para orientar al menor y su familia. "Hay que hacer un acompañamiento, pero que no sea ni potenciador ni bloqueador de nada", explica Esteva. Los jóvenes que no han contado con esta ayuda admiten que les hubiera venido bien. Alejandro, un sevillano de 24 años, acudió por primera vez a un psicólogo con 14 años sin contarle nada a su familia. Pero le sirvió de poco porque la psicóloga no entendía su problema. "Ni siquiera que tuviera novia, decía que no lo comprendía". Se fue y no volvió.
La doctora Esteva asegura que, en la última década, se ha notado una evolución social. "Antes, sobre todo en los padres de los pacientes menores, había mucho más desconocimiento y angustia". "Estamos comprobando que la evolución favorable del caso es correlacional con el apoyo familiar", afirma.
Muchos menores transexuales viven su problema en solitario, convencidos de que sus padres, más que ayudarles, van a intentar corregirles. Es lo que le pasó a Miguel, de 31 años. Cuando era adolescente su madre le llevó al psicólogo al pensar que tenía problemas de integración. Pero la psicóloga no dio con el diagnóstico adecuado y el chico no dijo nada hasta cumplir los 18. "Conozco a mi madre, soy hijo único y sabía por dónde me iba a salir", cuenta Miguel, que defiende la atención temprana de la transexualidad.
La valoración psicológica de los jóvenes diagnosticados en la UTIG de Málaga se extiende durante unos 18 meses, en los cuales el paciente hace lo que se llama un test de vida real, que supone empezar a manifestar en su entorno lo que la persona siente en su intimidad: adaptar la imagen a lo que le gustaría, cambiar su nombre real por otro con el que se sienta más a gusto.
Cuando acaba este proceso y hay un diagnóstico claro de transexualidad, la mayoría de los jóvenes tiene alrededor de 16 años, la edad recomendada, según Esteva, para iniciar un tratamiento hormonal que bloquee la pubertad y frene el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, como la barba en los hombres o el crecimiento del pecho en las mujeres. "Ojalá a mí me hubieran tratado en la pubertad. Llegué a tener una talla 95 de sujetador", cuenta Miguel, que está casado y su mujer espera un tratamiento de inseminación artificial.
La Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA), se muestra partidaria de que los menores accedan a estos tratamientos, pero también aboga por que puedan someterse a cirugía para terminar de adaptar su cuerpo al género del que se sienten sin tener que esperar a la mayoría de edad, como hasta ahora. "Si una persona de 16 años puede someterse a cirugía estética y pronto podrá abortar sin permiso paterno, ¿por qué para esto hay que ser mayor de edad?", se pregunta Mar Cambrolle, presidenta de ATA. Su asociación pide bajar a los 16 la edad mínima para esta cirugía y que el joven no necesite la autorización de sus progenitores.
La doctora Esteva, por contra, comparte las recomendaciones internacionales de respetar la mayoría para la cirugía de reasignación de sexo. "Cuidado con correr demasiado. Con 16 todos te dicen que tienen muchas ganas de operarse. Es normal, pero nosotros les tranquilizamos y lo acaban entendiendo", explica. De los 77 menores transexuales atendidos en su unidad, 61 requirieron tratamiento para cambiar de hombre a mujer. 20 de ellos se han operado tras cumplir los 18 años. De los 16 pacientes que necesitaban cambiar su cuerpo de mujer por el de hombre, seis ya se han s

TRANSFOBIA

Transfobia

PDFImprimirE-mail
La transfobia es una “enfermedad social” que proviene de la fuerte creencia en que el sexo y el género van unidos automáticamente, es decir, que si se nace con pene hay que ser un hombre y si se nace con vagina una mujer. Pero las cosas no son tan sencillas… A diferencia de otras sociedades, en la nuestra sólo se admite dos posibilidades excluyentes entre sí: u hombre o mujer.
Sin embargo, en realidad, hay personas que pese al sexo que se les asignó al nacer se sienten, quieren vivir y viven con un género que, en teoría, no les corresponde, o que ni siquiera se sienten hombres o mujeres o las dos cosas a la vez. El error no está en las personas sino en ese “en teoría” que nos hace creer que hay una relación natural entre sexo y género, cuando la realidad demuestra que no es así.
Afortunadamente, en España es legal tanto operarse para cambiar de sexo como cambiar los datos sobre la identidad personal (el “sexo” y el nombre), aunque para que eso sea permitido por las autoridades la persona debe obtener un certificado psiquiátrico que diga que lo suyo es una enfermedad (“disforia de género”). Actualmente, el colectivo transexual está luchando para que se les deje de etiquetar de enferm*s para poder operarse o cambiar de nombre en el registro civil.
La transfobia afecta tanto a transexuales de hombre a mujer (HaM) y de mujer a hombre (MaH) como a las personastransgénero. La diferencia entre la transexualidad y el transgenerismo es que las personas transgénero pueden vivir como hombres o como mujeres sin tener la necesidad o el deseo de modificar quirúrgicamente sus genitales. En España es legal desde el año 2007 cambiar la mención al nombre y a la identidad de género en los documentos oficiales sin necesidad de operarse, aunque todavía se obliga para ello a obtener un certificado médico que diagnostique “disforia de género”.

"Acosaron a Alan desde los 14 años, su suicidio es un crimen social"

Ester besa a su hijo Alan en una foto reciente. 
La madre del menor transexual de 17 años que se quitó la vida en Nochebuena cuenta en exclusiva para EL MUNDO la desventura de su hijo
El jueves pasado, Alan fue al centro de día por la mañana y habló con la psicóloga. Estaba especialmente triste.
Tras casi un mes ingresado por depresión, el chaval de 17 años tenía que volver al instituto y allí había gente que le levantaba la camiseta para preguntarle entre burlas cómo podía ir de hombre teniendo pechos de mujer. O que le tiraba por las escaleras. O que le empujaba contra la pared. «¿Cómo es que te llamas Alan si tienes tetas?»...
Era la versión nueva de los acosos viejos, los que sufrió desde los 14 años en otro instituto y en otra localidad, cuando se atrevió a decir que era lesbiana y a ir de la mano de su novia, tan adolescentes y libres. «Marimacho de mierda»...
Así que el jueves pasado, por la tarde, Alan cogió un puñado de pastillas que estaban en casa guardadas bajo llave, las mezcló con alcohol y se dejó invadir por el silencio para siempre. Era Nochebuena.
«Quiero contar la historia de mi hijo para que a nadie le vuelva a pasar algo parecido, que sirva para que no se repita. Mi hijo no se ha suicidado porque sí, ha sido víctima de un crimen social. Una cadena de gente se ha reído de él a lo largo de su vida. Es la lacra del acoso que persigue al diferente. Y mi hijo lo era».
Ester Albert Cusso es la madre de Alan, el chico que el 24 de diciembre se quitó la vida en Barcelona 20 días después de haberse convertido en el primer menor transexual de Cataluña en obtener un cambio del DNI acorde con su sexo sentido.Alan.
«Se puso Alan porque es Nala al revés, el nombre de su gata. La pobre lleva seis días como loca buscándole», recuerda Ester al teléfono, que es un testigo sonoro de lágrimas, rabias y firmeza salpicadas con el desorden del pasmo en la conversación con EL MUNDO.
- ¿Cómo era Alan?
- Sobre todas las cosas, una persona que quería hacer el bien. Le gustaban los niños autistas, la gente con síndrome de Down, los ancianos... Fíjate que este año se había apuntado al Módulo de Técnico en Atención a Personas en Situación de Dependencia...
Allí, en ese mismo ambiente, encontró Alan los últimos eslabones de la «cadena» de burlas que apedreó su pubertad hasta la muerte. «Fue la gota que colmó el vaso de una vida de acoso. Siempre tuvo un aspecto exterior muy poco femenino, y a los 14 años, estando en 4º de la ESO, dijo abierta y públicamente que era lesbiana. Iba de la mano de otra chica y en casa nos pareció estupendo. Pero en el instituto las cosas no fueron igual. Le llamaban 'marimacho', 'lesbiana de mierda' y esas cosas. Pero era fuerte y fue aguantando».
Un mal día, un primo muy querido de Alan (que aún no había cambiado de nombre) cayó accidentalmente de un quinto piso y murió. «El acoso se intensificó. Le decían que ya no era una chica, que se fuera al baño de los chicos, que era una lesbiana de mierda. Y llegaron a decirle: 'Primero murió tu primo, ahora tú'».
Aparecieron las primeras autolesiones, cortes en los brazos, algunas pastillas... Hasta que el 24 de diciembre de 2013, dos años exactos antes del calendario de su muerte, Alan ingresó en el hospital con un diagnóstico de depresión mayor. «Los insultos, el acoso y lo de su primo fueron determinantes. Hablamos con el instituto y recibimos apoyo de los profesores. Pero creo que faltó una buenadetección del problema», sostiene Ester.
Alan pasó el resto del curso entre el hospital y el centro de día, un mundo aséptico de refugio frente a esta infección callejera de homofobias. «Me decía que le daba miedo volver al instituto, que en el hospital todo el mundo le aceptaba».
Hartos de la crueldad y del temor, los padres cambiaron Rubí por Sant Cugat y un instituto por otro. «Le decíamos que no se preocupara más, que en Sant Cugat nadie sabía quién era y que todo iba a ser distinto por fin».
El 15 de septiembre de 2014, Alan, aún con identidad pública de mujer, arrancó el curso de ayuda a personas con dependencia entre la esperanza de una libertad por venir y el recuerdo del miedo.
Ganó lo segundo.
Sólo nueve días después, volvió al hospital. Otra lesión en los brazos, otras pastillas, otros acosos... Le insultaban y le empujaban, volvían las palabras/verdugo y el «marimacho» contra los oídos.
Recuperado el aliento, en abril de 2015 Alan decidió ser Alan. «Se sentía chico. Estaba muy animado. Iniciamos los trámites para el cambio de nombre y dijo que le llamáramos Alan, como su gata al revés. En el hospital, en la familia y en los amigos se presentó públicamente como Alan. Yo fui al instituto y les dije que Alan era transexual. Pedí a la dirección y los profesores que los alumnos debían saber que Alan era un chico y que nadie debía conocer con qué género había nacido. Lo aceptaron perfectamente».
En septiembre de este año, Alan comenzó el Módulo «bastante bien». Pero enseguida encontró problemas entre algunas personas. La intimidación multiplicada.
- ¿En qué consistió el acoso?
- Le hicieron la vida imposible. Hemos sabido que le daban porrazos contra la pared, le tiraron por las escaleras, le decían que tenía barriga de mujer y no músculos de hombre, le levantaban la camiseta y le decían que cómo era posible que fuera por la vida de hombre cuando tenía tetas, le empujaban contra el cristal... A lo mejor para esas chicas todo era una broma, pero para Alan era una tortura.
La vida imposible.
Ester cuenta que a su hijo le regresaban los miedos, la jaqueca, el dolor de tripa, el malestar entero si se acercaba la hora del instituto.
Por eso, el 24 de noviembre, un mes antes de esta muerte contada ahora, Alan volvió al hospital y al centro de día. Estuvo ingresado hasta el jueves 17 de diciembre y andaba ilusionado con la idea de volver al centro de día y no volver al instituto. «Pero por las fechas en las que estamos y al haber ahora menos personal, en el centro de día le dijeron que no podría ir todos los días. Le citaron para el 24 y le dijeron que no podría volver hasta el jueves siguiente. O sea, para la mañana del 31».
Alan fue al centro en la mañana del día 24 de diciembre y estuvo hablando con una psicóloga. «La doctora nos llamó a mediodía y nos dijo que Alan estaba muy triste. Nos recomendó que le diéramos pastillas para ayudarle a dormir y nos dijo que estaba para ingresar, pero que como estábamos en fiestas navideñas, podía ser mejor que las pasara con nosotros».
- ¿Y qué pasó, Ester?
- Alan salió del centro y seguramente se sintió desprotegido sabiendo que no podía ir allí todos los días. Eso fue por la mañana. Por la tarde, a solas, se tomó unas pastillas antiguas que ya no tenía prescritas y que teníamos guardadas bajo llave y bebió alcohol. Se le paró el corazón.
Al día siguiente, la madre de Alan comunicó en un párrafo la muerte de su hijo a través de la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, el colectivo en el que había entrado hacía sólo un mes. «Si llego a conocerlos antes, mi hijo no estaría muerto», dice Ester por un teléfono que comunica lamento.
Chrysallis organizó el domingo ocho concentraciones de repulsa en distintas ciudades de España ante el «suicidio por acoso escolar» de Alan y las redes sociales escribieron su indignación con la transfobia y su apoyo al chico, que, sin saberlo, mantiene vivo un hashtag masivo #YoTambiénSoyAlan.
El Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) ha iniciado una investigaciónde oficio y anteayer, dos Mossos d'Escuadra estuvieron en casa de Alan hablando con sus padres y su hermano sobre los últimos días de la vida de este menor lastimosamente público.
-¿Cómo actuaron los adultos que rodearon a Alan durante su vida escolar?- preguntamos a Ester.
- Bien, pero tardaron en reaccionar. No me puedo quejar de su trato, entendieron siempre todo. Pero los profesores saben quién es quién. Saben quién es líder y quién no. Saben quién es el diferente y quién el que abusa. Saben quién tiene el poder y quién lo sufre. ¿Por qué no preguntan desde infantil a los niños si han visto a algún compañero sufrir por otro? Creo que en los institutos faltó un rastreo, un sondeo de si estaba pasando algo. Nosotros teníamos una reunión con el instituto el día 21, pero no pudimos ir porque teníamos cita con el médico y la habíamos aplazado al 11 de enero. Y mira...